Vernos a los ojos es parte de la modernidad, tanto como la Internet: Marshall Berman

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En esta visita, organizada por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), unidad Cuajimalpa, el profesor ofreció este jueves la conferencia Todo lo que es sólido… ¿tiene futuro el modernismo?, en la sede de Siglo XXI, editorial que desde 1988 publica el libro, ahora en edición ampliada, con prefacio y posfacio.

No es la primera vez que Berman, filósofo marxista, viene al país. Estuvo aquí hace 10 años “y creo que también en los 90. Es una hermosa ciudad, amo sus colores”, así comienza la entrevista en un café de la colonia Roma. “Es una hermosa calle”, agrega, y pide un café capuchino.

Experiencia vital

En la introducción de Todo lo que es sólido se desvanece en el aire, Berman (Nueva York, 1940) escribió: “Hay una forma de experiencia vital –la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida– que comparten hoy los hombres y mujeres de todo el mundo de hoy. Llamaré a este conjunto de experiencias la ‘modernidad’. Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y las experiencias modernos atraviesan toda la geografía y la etnia, la clase y la nacionalidad, la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión: nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, ‘todo lo sólido se desvanece en el aire”’.

Es un libro que se lee de diferentes maneras, expresa Berman en la charla. “Por ejemplo, un día estábamos en una universidad y un hombre dijo que con mi libro destruí la revolución, no dijo cuál revolución, pero me estaba otorgando poderes mágicos. Decía que antes del libro nos veíamos los unos a los otros, y que ahora sólo queríamos ganar dinero. Yo pensé: ‘¿leyó mi libro? ¿Qué libro es ése?’ De alguna manera debí perdérmelo, tal vez debí hacer dinero con el texto”.

Otra forma de leerlo es la de un hombre que una vez lo detuvo en la calle, en el bajo Manhattan. “Parecía un jugador de futbol, vino hacia mí y me dijo: ‘¿usted es Marshall Berman? Conozco su libro’. Le dije: ‘espero que le haya gustado’ y me respondió: ‘Yo estaba en el hospital y su libro me sacó de ahí’. Pensé que eso era maravilloso y me sentí conmovido.

“Eso sugiere que la gente lo ve de diferentes maneras, el segundo encuentro me conmovió, el primero me dejó completamente intrigado. Pero de alguna manera el libro sigue llegando a las personas. No creo que desrevolucione a nadie, eso es ridículo.”

El volumen se publicó en 1982, pero no tuvo buena suerte debido a una decisión de la editorial, ya en 1988 logró abrirse paso de nuevo en Estados Unidos, como ya lo había hecho pese a todo en otros países.

“Cuando lo escribí era parte de la nueva izquierda, estaba involucrado en los movimientos por los derechos civiles y contra la guerra. Me sentí muy contento cuando terminó la guerra, pero muchos de mis amigos, que fueron líderes en el movimiento mucho más que yo, estaban deprimidos porque la revolución mundial no llegó, eso era lo que esperaban.

“Quería mostrar que aun si habíamos perdido en el corto plazo, íbamos a ganar a largo plazo. Quería ayudar a las persons a ver las conexiones que hay entre ellas sin importar que estuvieran separadas por miles de kilómetros.

“Pero quería mostrar que el deseo de la gente de encontrarse a sí misma y de encontrar su lugar en el mundo. Quería hacer algo realmente grande, mostrar cómo cualquiera en el mundo estaba conectado con el otro.”

La revolución mundial

–¿Eso lo da la tecnología?

–Sí, pero de lo que hablo es algo que va más allá: algo que tenemos dentro de nosotros mismos. Necesitamos ser reconocidos, amados, ser capaces de decir te amo, de mirarnos a los ojos, eso es parte de la modernidad, tanto como la Internet.

“A veces la gente pierde el camino, olvida de qué es lo que se trata; creo que es cierto, eso significa que tenemos que volver y recordar cómo era antes. Creo que mi libro se mantiene porque la gente es capaz de ver las conexiones que no veía antes.

–¿No es una forma inocente de pensar?

–No. Creo que cosas como el amor y el reconocimiento son puntos clave. Y en muchas de las cosas sobre las que quise escribir enfatizo eso. Creo que Marx, Baudelaire y los grandes modernistas rusos de los que escribí pensaban eso. Por eso creo que la poesía es tan importante, la poesía del reconocimiento del otro nos acerca. La idea de que la gente puede tener cosas en común con personas que lucen completamente diferentes y que hay algo que comparten. En cierta forma, Todo lo sólido se desvanece en el aire es un libro sobre la revolución mundial: gente de todas partes acercándose.

“Quiero mostrar que las personas pueden reconocerse en otros y ser capaces de ver y atestiguar que eso importa más que la clase, la raza, el género. Hay quienes dicen que los medios de comunicación han sido tan poderosos que la gente no puede ver a otros y reconocerse a sí misma, pero puede ver fotografías de niños de quienes están separados por miles de millas y sentirlos como si fueran suyos. Necesitamos ser reconocidos y ser capaces de reconocernos a nosotros mismos; eso es lo que importa realmente”, dice el autor de The politics of authenticity.

La Jornada

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