Proyecto Chihuahua; estrategia compartida

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Chihuahua, como la entidad con mayor superficie en la República, con una importante diversidad de suelos y climas, es también el Estado con mayor necesidad de obras de infraestructura que permitan el aprovechamiento racional de sus riquezas naturales.

 

Ha sido también, desde hace mucho tiempo, espacio de desarrollo para miles de personas y familias completas provenientes de otras partes del país y allende nuestras fronteras, donde al amparo de un ambiente laboral propicio, con un sistema educativo de vanguardia, ofrece perspectivas de futuro para quienes desean formarse profesionalmente, conformar una familia, y también para quien busca una nueva vida.

A partir del 11 de Septiembre del 2001 Estados Unidos sufrió el peor atentado terrorista que se tenga memoria; de ése día a la fecha, las fronteras aéreas y terrestres del vecino país, adoptaron políticas de endurecimiento e inflexibilidad, aumentando el número de requisitos para que los extranjeros pudiéramos acceder a su territorio, reduciéndose drásticamente el número de indocumentados que diariamente se internaban en busca del sueño americano, y de manera importante, también los traslados de drogas, al cerrarse los caminos por donde tradicionalmente se transportaban.

El narcotráfico no descansa y menos pierde, así que ante la imposibilidad de transportar toda la droga a los Estados Unidos, se comenzó a fomentar el consumo interno en esta frontera, lo que generó en una lucha soterrada entre las bandas criminales locales, que después se abrió hacia otros frentes que se disputaban la plaza.

La puesta en marcha del Nuevo Sistema de Justicia Penal, con sus prácticas garantistas, fue el principal factor de imposibilidad para que el Gobierno del Estado pudiera devolver la paz que comenzaba a alejarse de Chihuahua, tanto porque la estructura policiaca no estaba preparada en infraestructura y personal para enfrentarse a bandas con mayor poder letal, aunado a una corrupción enquistada desde décadas que anteriormente no les causaba problemas, porque la frontera siempre fue considerada como espacio de tránsito hacia el Norte, y no para consumir la “mercancía” de exportación.

El Gobernador de entonces, José Reyes Baeza Terrazas, político orientado al diálogo y a los acuerdos, conciliador, con una gran sensibilidad para tratar a sus representados, depositó toda su confianza a los encargados de procurar y administrar justicia, pero resultó insuficiente y personalmente tuvo que soportar las presiones derivadas de una lucha desigual, donde los caídos inocentes se empezaban a sumar por cientos, ante la mirada atónita del resto de la ciudadanía, no así de los detractores políticos, que no desaprovechaban oportunidad para azuzar al pueblo en contra de su gobernante y su gabinete de seguridad.

Pero lo que pasaba en Chihuahua era apenas la punta del iceberg de lo que sucedería en todo el país.

El cochinero que dejó como Presidencia de la República Vicente Fox Quezada, obligó al presidente Calderón, una vez nombrado electo, a establecer una alianza con las fuerzas castrenses, ante la viabilidad de un golpe de estado; el tener conocimiento de la realidad de lo que pasaba en el país, orientó a Felipe Calderón a canalizar toda la fuerza del estado para enfrentar al crimen que ciertamente había tomado un papel ya no solo relevante en la dinámica del país, sino también protagónico en todas las áreas básicas de la República.

La falta de un equipo compacto, leal, heterogéneo, capaz y con espíritu de servicio, fue –desde mi personal perspectiva- el factor común que falto y nunca se presentó a lo largo de toda su administración; los intereses personales y de grupo, aunado a su permanente hambre de poder y dinero, constituyeron la esfera de identidad del más del 99% de los funcionarios de la administración del Gobierno de Calderón.

La candidatura de Enrique Peña Nieto, y con él, el retorno de la clase política, que con dos sexenios en la oposición, había ordenado sus metas y reorientado sus propósitos, alentó la posibilidad de un cambio, de una paz duradera y el final de un ensayo político que nunca fraguó para lo que fue concebido, como lo es el brindar la posibilidad a las miles de familias que lo demandan, de alcanzar en base a su propio trabajo, mejores niveles de desarrollo, con perspectivas de futuro promisorio, no solo de muerte, desolación y atraso.

De esta forma, la presencia en la escena política de Enrique Peña Nieto, logró concentrar la totalidad de los intereses políticos dispersos, unidos por el deseo de buscar en Unidad y Trabajo, devolver la paz que se le había perdido al país, rescatar para el Pueblo las instituciones, pero sobre todo, comenzar a fortalecer la identidad propia de todos los mexicanos.

Cesar Duarte, ha logrado en dos años, mantener una línea ascendente en el proyecto de procurar y administrar justicia; ha metido la mano en los demás poderes para establecer con firmeza un solo frente de lucha en beneficio de la sociedad Chihuahuense.

Podemos no estar de acuerdo en muchos de sus métodos, pero es innegable que han funcionado y sobre todo, que eran completamente necesarios.

Pero lo importante de este gobierno, es que el renglón de la seguridad no ha cubierto el 100% la agenda del mandatario; sus proyectos de avanzada que al presentarlos se escuchaban lejanos y obscuros, hoy se advierten cristalizados, en avance y con desarrollos importantes.

El negar avances y escatimar esfuerzos, nos lleva a una posición incómoda y fatua, porque es antagónica con nuestra propia idiosincrasia.

Chihuahua demanda hoy más obras y mayores resultados, porque el pasado inmediato no pudo hacerlo y nuestros hijos reclaman doble esfuerzo para compensar con obras lo que el tiempo no puede remediar.

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