Preguntitas. ¿A dónde vamos los humanos?

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La humanidad se encuentra en un punto tal que nos obliga a meditar

Que nos obliga cuestionarnos.

De entrada, es necesario puntualizar que nuestra realidad [la de todos los humanos y los pueblos y naciones de la tierra] está repleta, plagada de crisis, de situaciones de emergencia que hemos provocado [es preciso señalar que todo mal deviene del hombre] por nuestra codicia, soberbia, egolatría, vanidad, generando los conflictos que se observan en multiples realidades en el globo.

Sí, estas crisis económicas, políticas, energéticas y ambientales nos resultan agobiantes, provocan separación y desunión entre nosotros, la especie humana; generando el caldo de cultivo perfecto para las guerras perpetuas e interminables.

Ello pues, nos obliga cuestionarnos ¿si queremos sobrevivir como especie?

Y de saber ¿a dónde queremos ir como humanidad?

Para resolver estas cuestiones, debemos empezar por la toma de conciencia.

La hoja de ruta para esa búsqueda de soluciones, empieza por “ese darnos cuenta”, que nos puede alumbrar el camino, para que podamos encontrar: paz, armonía, libertad y la justicia verdadera.

Y ese camino nos conduce a un despertar personal y con ello propiciar el despertar de todos……

Y esa posibilidad nos brindará fortaleza para poder enfrentarnos los desafíos y profundos retos del futuro inmediato; que ya está aquí, alumbrando esos retos que debemos asumir en lo individual y colectivo

Cuando más nos despertemos, dejamos el miedo atrás y más nos atrevamos a hablar de temas como el aquí planteado. Al propiciarlo, al poner en marcha nuestra voluntad, estaremos luchando del lado autentico para alcanzar los valores fundamentales señalados.

El camino del despertar esta en el inicio de una búsqueda de nuestro ser real [mediante la paz interior, producto de la meditación], y consecuentemente, debemos actuar, buscando el cambio en nuestra personalidad, en nuestra actitud hacia la vida, las personas, la naturaleza; en nuestras relaciones humanas y hacia todo ser viviente.

Con ese solo deseo, se pueden fincar cimientos poderosos para poner en juego y acción la voluntad de un real cambio personal [primeramente] y sinérgicamente el cambio que deberá de venir en lo colectivo.

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