Medios de comunicación… presión y poder

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El poder de los medios de comunicación ha quedado confirmado en el caso del empresario Miguel Moisés Sacal Smeke, quien en forma despótica y deplorable insultó y agredió al joven Hugo Enrique Vera Flores -empleado de un edificio de departamentos que se negó a cambiarle una llanta por no corresponder a sus funciones-, destrozándole una parte de la dentadura y humillándolo mediante palabras impropias y denigrantes. Qué vergüenza que haya tenido que ser la vía mediática, representada por empresas como Grupo Imagen y Televisa, entre otros medios, la que contribuyera a resolver un asunto que en otras circunstancias tal vez la justicia no habría tenido interés en atender, o en el mejor de los casos lo hubiera hecho con negligencia y lentitud. El hecho de que con toda facilidad haya obtenido un amparo el vulgar agresor refrenda en la opinión pública la percepción de fragilidad y parcialidad que ancestralmente ha desprestigiado al sistema mexicano de impartición de justicia.

 

En este incidente aplica el dicho que afirma que “Bien sabe el diablo a quien se le aparece”, de manera que con todo y su amparo “exprés”, ante la presión mediática el infame y prepotente “hombre de negocios” no tuvo más alternativa que ofrecer una disculpa pública por su deleznable comportamiento, y por supuesto también una buena cantidad de dinero a la víctima, logrando así el desistimiento de esta respecto a una parte del proceso legal que enderezó en su contra. Y que quede claro: solo la acusación por el delito discriminación se logró quitar de encima el abominable señor Sacal, por ser esta de las que únicamente proceden mediante querella necesaria, es decir por denuncia de la víctima. Sin embargo el proceso de enjuiciamiento por el delito de lesiones -que también cometió el incivilizado personaje- no será suspendido, porque es de los que debido a su gravedad la autoridad se halla obligada a perseguir de oficio, o sea independientemente de la denuncia de la parte ofendida.

De no haber existido la evidencia gráfica registrada en las cámaras de video que captaron el lamentable abuso físico y verbal perpetrado por Sacal contra el muchacho, quizá el sonado caso jamás hubiera prosperado en los juzgados penales, sin embargo la pertinaz difusión de las contundentes e irrefutables pruebas contenidas en la filmación que a través de la televisión pudimos ver millones de mexicanos, terminó por generar una especie de indignación y vergüenza colectivas, de las que seguramente también fueron partícipes jueces, magistrados y ministros de los diversos niveles del aparato judicial.

La misma suerte del señor Sacal corrió recientemente la pseudo actriz Azalia, que tiempo atrás saltara a la fama por su participación en el conocido y decadente programa de reality show denominado Big Brother, y quien en una amarga noche de copas en compañía de una amiga tuvo la desafortunada ocurrencia de proferir cuanta majadería le vino en gana para insultar a unos agentes de policía que les marcaron un alto para revisión, sin imaginarse ambas mujeres que su grosero comportamiento estaba siendo grabado para posteriormente ser utilizado como principal instrumento para delatarlas y ejercer presión pública a través de la televisión. El resultado fue el mismo que el de Sacal: terminaron por tragarse su vanidad al tener que reconocer públicamente sus vulgares modales y solicitar una disculpa.

Bajezas como las demostradas por Miguel Sacal, Azalia o muchas otras “figuras” artísticas, empresariales o políticas, que por contar con cierta posición socioeconómica creen tener derecho a tratar con la punta del pie y la procacidad de su lenguaje a sus conciudadanos, constituyen actos de evidente violencia física y psicológica así como de absoluta inmoralidad, que no solo discriminan y ofenden a las víctimas directas, sino que nos vilipendian e irritan a todos los mexicanos. Qué pena que en muchas ocasiones los órganos jurisdiccionales solo actúen para imponer a los causantes de estos denigrantes atropellos el castigo que merecen, cuando los hechos se dan a conocer al público a través de los medios de comunicación.

Comentarios o sugerencias: carlosjaramillovela@yahoo.com.mx

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