Los desafíos de Peña Nieto

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El presente año será significativo para México en diversos aspectos, ya que el previsible resultado electoral sin duda traerá consigo cambios políticos que incidirán en el desempeño del estado mexicano, tanto hacia el interior del país como en sus relaciones con el extranjero. Por principio de cuentas, es entendible que de llegar a gobernar el hoy abanderado PRI, Enrique Peña Nieto –como todo parece indicar-, se esbozarán posturas más rígidas frente a los Estados Unidos respecto a temas de seguridad fronteriza, migración y narcotráfico. El escandaloso caso denominado “rápido y furioso”, mediante el que con la complacencia de las autoridades norteamericanas se permitió el cruce ilegal de cientos de armas de alto poder hacia nuestro territorio, tensó las relaciones entre Los Pinos y la Casa Blanca al dejar en evidencia la subestimación con la que a veces Washington trata a su principal socio y vecino.

 

Es de suponerse que estando el PRI al frente del poder ejecutivo federal nuestra nación desplegaría un ejercicio diplomático más intenso en la consecución de compromisos específicos que aseguren mayor cooperación y eficacia del gobierno estadounidense en el control de la venta y el tráfico de armas que tanto han lastimado a México.

El palpable endurecimiento de las políticas y la legislación relacionadas con el tema migratorio, mostrados por diversos estados de la unión americana y la Cámara de Representantes, con la venia de la Casa Blanca, es otro de los tópicos que en los últimos años ha constituido una asignatura pendiente para México en la agenda bilateral que histórica e indefectiblemente estamos destinados a construir con nuestro vecino del norte.

Desde hace años, cuando los presidentes de México y Estados Unidos eran Vicente Fox y George Bush, se hablaba de la posibilidad de alcanzar un amplio acuerdo migratorio el cual nunca se fraguó. Ahora ante el inminente comienzo de un nuevo gobierno que, como se prevé de manera generalizada, probablemente represente el PRI, el tema vuelve a cobrar atención ante la latente posibilidad de que si Enrique Peña Nieto llega a la Presidencia de la República, intentará establecer con su homólogo norteamericano avances significativos hacia la conformación de un pacto que verdaderamente brinde seguridad y certidumbre a la situación jurídica y laboral de miles de mujeres y hombres trabajadores migrantes mexicanos.

El tráfico de narcóticos es otro de los candentes puntos que durante décadas ha tenido predominancia en la agenda pública México-Estados Unidos, sin embargo el creciente trasiego de enervantes de nuestro país hacia el territorio vecino y la violencia concomitante a ello revelan de modo claro la insuficiencia  de los esfuerzos realizados en ese renglón por ambas naciones. Aunque este asunto ha sido costoso para México, particularmente en los recientes años debido a la muerte de miles de personas derivada de la lucha gubernamental contra el narcotráfico, Estados Unidos no da muestras de estar implementando acciones sólidas para la desarticulación de las redes internas de traficantes que operan en su territorio, ni para prevenir y disminuir la demanda de drogas entre su población. Por ello el próximo presidente de México tendrá frente a sí el reto de lograr que el coloso del norte coadyuve de forma visible y eficiente en la solución de este grave problema, cuya factura más cara hasta ahora ha sido pagada por el pueblo mexicano.

El nuevo gobierno de México también deberá cabildear con su contraparte norteamericana los aspectos de la relación comercial en los que recientemente nos hemos visto desfavorecidos. No obstante la vigencia del tratado de libre comercio que vincula a nuestras economías, ocasionalmente sigue prevaleciendo la aplicación de medidas unilaterales de corte autoritario que son impuestas por Estados Unidos bajo el pretexto de embargos o vedas comerciales de tipo sanitario, a productos como el aguacate o la carne, cuando la Casa Blanca tiene interés en ejercer sobre nuestra nación alguna presión política o lanzar una advertencia.

Así, bajo este entorno de relaciones diplomáticas, comerciales, migratorias y de seguridad, que dan sustancia a nuestra inexorable convivencia fronteriza con la nación más desarrollada del mundo, los mexicanos estamos por arribar a una nueva era de gobierno en la que México tendrá que afrontar, entre muchos otros desafíos, los que le plantea su colindancia con Estados Unidos; desafíos que muy probablemente deberá abordar, ya como presidente, Enrique Peña Nieto. 

Comentarios o sugerencias: carlosjaramillovela@yahoo.com.mx

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