Los chiles tristes (Vol. 28)

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«Si me voy a Juárez es porque Juárez me está esperando…», me dije a mí mismo. En ese momento también pensaba lo que debí de haberle aclarado a El Flaco, que en Chavira me daba cátedra del manejo de situaciones al grado de que si él tuviera el privilegio de expresarse en otra lengua me habría recortado con un certero, “There is a situation”, lo cual es improbable dada su calidad meramente instintiva…, decía que a ese interlocutor de rancho debí de haberle recalcado, sin cortapisas y lo más contundente posible, que «esas pecas son para mí». Porque un día no pueden salirte con el garlito de que voy a ver qué siento si dejo de amarte: qué argucia es ésa —explíquenme—, cuando al mismo tiempo esta vibrante Dama te envía mensajes inequívocos, de que “no te me hagas bolas”, “sí te amo”, etc., etc., y te quedas como el Tío Lolo, visco y despeinado. Insisto, por qué no aprendemos a “leer” a las mujeres o, en su defecto, la madre de uno debiera en su debido momento entregarnos un manual de procedimientos para “no hacernos más bolas”, sobre todo cuando le damos más peso a éstas (y a ‘eso’) al tomar decisiones tan complicadas —sí saben a lo que me refiero, ¿verdad?

 

[Nada más para que se den cuenta del tamaño de atrofia al que llegué, y que todavía no es hora de que me reponga, les copio este mensaje que le envié en mi ansiedad: “Espero resarcir mi honor alicaído después de tan largo sufrimiento por tu ausencia, que casi me tuvo postrado…, de gripe, pero postrado al fin.” Justo lo contrario a ese adagio que reza: “Ni todo el dinero, ni todo el amor”… aunque, ¿cuál dinero?]

 

Regresando al tema de Juárez que en el primer volumen con la tranquilidad que hoy me falta, admití [aunque borré luego por razones de estilo, lo cual no deja de ser cierto] que esta ciudad representa un asidero para mí, luego de la Ciudad de México, debido a las afinidades inquebrantables que me reservo por el mítico Paso del Norte. Sí, a Ciudad Juárez la quiero y me duele más que ninguna otra ciudad de mi país, como para muchos coterráneos podría ser La Santa Rosalía que he vuelto a amar como a una amante caprichosa, escurridiza, volátil. Pero Ciudad Juárez es casi tan emblemática —un grado menos— que nuestra Capital Azteca, crisol de todas las razas y centro cosmogónico. Juárez hasta hace poco era la 4° ciudad más importante de México, sólo detrás del DF, Monterrey y Guadalajara, compitiéndole y superando a Puebla, León, Ecatepec y Tijuana. No obstante, esta metrópoli será la segunda más importante (superaría a Monterrey) en la tercera década del tercer milenio: 2021-2029. El patrón de desarrollo global [exacerbado por la vecindad con EU, que no permitirá cederle la supremacía a China] impulsará de manera inexorable ese destino…, le anticipé a mi amigo Mundo, un brillante camarguense avecindado en esa frontera, uno de los lujos que este pueblo se permite desde que tengo uso de razón: dejar ir a sus mejores promesas.

 

Y sí, efectivamente, Ciudad Juárez cumple como ninguna otra en el contexto nacional que trasciende nuestras fronteras, los preceptos que Mircea Eliade establece respecto de un ‘centro cosmogónico’: “La creación del mundo se convierte en el arquetipo de todo gesto humano creador, cualquiera que sea su plano de referencia… se comprende mejor ahora por qué todo establecimiento humano repite la creación del mundo a partir de un punto central (el ‘ombligo’). A imagen del Universo que se desarrolla a partir de un centro y se extiende hacia los cuatro puntos cardinales, la ciudad se constituye a partir de una encrucijada”.

 

Paso del Norte es la encrucijada por antonomasia: confluencia de decenas de culturas, tránsito de mercancías, inversiones y contingentes humanos, territorio de batallas que edificaron la modernidad política, guerra sin cuartel por la hegemonía del más extremo del capitalismo salvaje, crisol donde se verterán todos los intereses globales en este nuevo milenio, nodo que establece y define como ningún otro el “Eje del S. XXI Mexicano: Chihuahua-México”, que siendo justos el nombre de este arquetipo debe etiquetarse como: “Mesoamérica-Paso del Norte”. Por eso no es descabellado asumir que si la Nación mexicana tiene futuro, éste dependerá crucialmente de la solución adecuada a la barbarie que azota a esta comunidad, la más insigne por lo que representa en valores que nos identifican, un paso adelante en razón de que aquí, o se es mexicano o no se es.

 

Añádase que esta ciudad está anidando de forma natural la congregación entre empresa, universidad, centro de investigación, cultura y arte. Ocurren en forma creciente las inversiones líderes en alta tecnología para no sólo maquilar; innovar, desarrollar y generar bienes y servicios con intenso valor agregado en conocimientos, en virtud de su infraestructura tecnológica, industrial, académica y de investigación científica, esta última en ciernes pero que será incentivada por la necesidad de cumplir con los retos de competitividad internacional.

 

De hecho, todo esto ya está edificándose, y de manera casi silenciosa. Las nuevas inversiones públicas y privadas están consolidando, por ejemplo, el concepto de la Ciudad del Conocimiento: Juárez será la primera en México y quizá en toda Latinoamérica que logre cuajar este modelo de integración entre la empresa y la universidad abocadas a la generación de nuevos productos con alto valor agregado en conocimiento.

 

A la par, pensamiento, cultura y arte experimentarán una dinámica explosiva, lo que obligará a realizar cuantiosas inversiones en materia de desarrollo municipal para hacer atractiva a la ciudad al talento y visitantes: reedificar la ciudad bajo el concepto de las nuevas urbes del futuro, lo policéntrico que contiene todos los servicios que demandan las diversas comunidades dentro de una metrópoli [varias ciudades en una] y la recuperación o creación de los nodos que identifican a toda la ciudad: centros histórico, deportivo (estadios, gimnasios, canchas) y cultural (museos, teatros, cines, bibliotecas, cafeterías, restaurantes, áreas de esparcimiento, todo esto ajeno a los clásicos Mall que deshumanizan). Asimismo, resolver la carencia de transporte público y deficiencias de atención a la ciudadanía, entre otros.

 

Existe gente que piensa este concepto; lo está trabajando; está ya recibiendo directrices y quizá financiamientos. Detrás están personajes poderosos que empujan o se involucrarán en este nuevo modelo de desarrollo urbano-arquitectónico que permita resolver el monstruo que engendramos por no haberle dado atención a los mínimos de bienestar social: educación básica, formación para el trabajo, asistencia social, lugares de esparcimiento. De no enfrentarlo, la guerra contra la delincuencia organizada y no, no podrá ser ganada.

 

Cierro la pinza alusiva al Eje del S. XXI Mexicano con una ‘conversación’ entre las redes con otro amigo chihuahuense —Adolfo—, luego de haber colocado una foto de las  Lagunas de Montebello: entre Chiapas y la ‘Alta’ Guatemala, recordando a un querido amigo chilango,  Luis Fernando, defensor de nuestras raíces mesoamericanas: cuando le aludía a Mexamérica, él indefectiblemente me contradecía: “La Alta Guatemala”, y tenía razón.

 

«Ni me recuerdes ese lugar de ensueño Luis, ES UNA MARAVILLA NATURAL, ataja Adolfo, para luego agregar: Chiapas es la reserva espiritual y de recursos naturales y económicos de la nación… La recorrí ampliamente; me faltó Bonampak, fue una pena, pero ya volveremos con cámara de video para plasmar la sabiduría y arte ancestral del México profundo…»…, a lo que le respondí:

 

«Tentador, un sueño y poema…, al tiempo que recorro en mis recuerdos aquel espectáculo de la naturaleza y la civilización superior, la maya. Tendremos que recurrir a la ‘Intelligentzia’ opulenta, de ser necesario, o en su defecto esperar a mi retorno del periplo en impasse.»

 

Pero Adolfo, no quedando conforme con lo que me ha expuesto, señala: «Luis, invitemos a los chihuahuenses a visitar el México del sureste, ese otro México donde está mucho de lo profundo de nuestras raíces. Y que nuestros paisas, en sus viajes diseñen nuevas hojas de ruta y exploración. Se olviden un poco de USA, y dirijan su mirada a lo nuestro.»

 

Dicho lo anterior, no me quedó más que complementarle a Adolfo su entusiasmo concreto por el mundo mágico de la ‘otredad’, con esta visión abstracta: «Divulgación, oferta de expresiones que les permitan diferenciar… Los nuestros en el fondo saben, pero es más cómodo no levantar la mirada hacia otros paisajes que les exijan reflexionar. Aquí es donde opera el juego del nuevo mundo de ‘Babel’, estas redes que despiertan el apetito por otros sabores distintos. Nuestra gente es hermosa y debemos tentarla a que se vuelva más atractiva: ¡¡¡No me los voy a acabar!!!»

NOTA: Work in Progress de la novela: Los chiles tristes.

 

BLOG: http://luismendozalara.blogspot.com

 

© Chihuahua-México: Eje del S. XXI.

 

Algún lugar de MÉXICO, a 10 de mayo de 2011.

 

 

 

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