Llaman a desterrar mitos a 200 años del fusilamiento de Hidalgo

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Tras su fusilamiento, en el que tres formaciones de soldados no lograban dar en el blanco de su corazón –por lo que tuvieron que dispararle con el fusil apoyado contra el pecho–, el cuerpo del insurgente fue decapitado y su cabeza, junto con las de Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez fueron exhibidas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato.

 

Los restos óseos de ellos y otros ocho héroes de la patria fueron regresados ayer sábado a la Columna del Ángel de la Independencia, luego de haber sido exhibidos desde agosto de 2010 en el Palacio Nacional, como parte de la conmemoración del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución.

 

Hidalgo no murió excomulgado, pues antes fue confesado y recibió el perdón, lo que invalidaba aquella medida, además que la Inquisición nunca emitió una sentencia, pues ni siquiera lo tuvo preso; sí tuvo dos hijas y sí se inclinó durante su estancia en la Villa de San Felipe por algunos placeres, como la música y las fiestas para la comunidad, de lo que luego se arrepintió.

 

Defensor de un ideal

 

Además, era un cura muy inteligente y preparado, y supo defenderse jurídica y teológicamente, pero en los procesos civiles y militares, ya preso, acosado y muy cansado, tuvo que matizar algunas declaraciones que ameritan interpretación, pues no es lo mismo hablar estando libre que recluido.

 

Eso sí, en los juicios que se le siguieron, llenos de irregularidades, nunca se arrepintió de su decisión e ideal de luchar por lograr una nación libre e independiente, aunque sí de sus excesos durante la guerra, como el de ordenar ejecutar civiles españoles en Valladolid (hoy Morelia). Me dejé llevar por la locura, admitió.

 

Su decisión de abrir las cárceles para que salieran todos los presos se explica como una manera de tener protección, equilibrio y apoyo –además de la base social indígena–, ante las pugnas con Allende, quien a su vez se apoyaba sobre todo en los militares.

 

Esos y otros planteamientos fueron hechos por el historiador Carlos Herrejón durante el foro Bicentenario del fusilamiento del padre Miguel Hildalgo y Costilla, realizado en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), en el que además participaron los especialistas Rafael Estrada Michel y Carmen Saucedo Zarco, ésta como moderadora.

 

Herrejón investiga figuras como Hidalgo y Morelos y diversos momentos de la Independencia; acaba de publicar el libro Hidalgo, que será presentado el 30 de agosto, además de que el INEHRM editará pronto una cronología de la ruta del insurgente, desde que dio el Grito en Dolores, hasta su fusilamiento en Chihuahua.

 

Herrejón recordó palabras de Hidalgo: Todos mis delitos traen su origen del deseo de vuestra felicidad. Si éste no me hubiera hecho tomar las armas, yo disfrutaría de una vida

 

De tal manera que, comentó el historiador, lo que vamos a celebrar es justamente la conmemoración de haber asumido un riesgo. Cuando Hidalgo se decidió a participar, agregó, incorporó la posibilidad de que un día podía morir en esa lucha, como sucedió.

 

El 21 de marzo de 1811, resumió, fue el inicio del largo calvario de Hidalgo, cuando cayó prisionero junto con otros insurgentes en Acatita de Baján, en Coahuila, y de ahí fue trasladado a la ciudad de Chihuahua, donde fue ejecutado el 30 de julio.

 

Es un periodo bastante largo. La ruta insurgente duró cuatro meses, siendo él la cabeza principal, y luego dos meses más, ya de ida al norte, cuando es despojado del mando por Allende. Seis meses de insurgente y cuatro de prisionero.

 

En el momento final, cuando los soldados no podían atinarle al corazón y sólo era herido, pese a que les había adelantado que pondría su mano derecha sobre el pecho, a manera de blanco, Hidalgo se quitó la venda de la cara y, con sus hermosos ojos, dirigió una mirada de perdón a sus verdugos.

 

Estrada Michel, por su parte, dijo que Hidalgo tampoco tuvo su mayor inspiración en las ideas de la Ilustración francesa, sino de la teoría política hispánica medieval, es decir, constitucional y de lealtad al rey, pero no necesariamente al mal gobierno.

 

El historiador comentó que cuando Hidalgo gritó: “‘¡Viva el rey y muera el mal gobierno!’ nos está dando toda una lección de teoría política hispánica”. Estrada Michel explicó que eso se ha aprendido muy mal en el país, porque se ha confundido a la cabeza del Estado con la cabeza de su gobierno.

 

Es un mito lo del afrancesamiento de Hidalgo, dijo, y agregó que el cura estaba cercano a posiciones que reivindican el papel del pensamiento más libre, incluso en lo teológico, dentro de la Iglesia católica.

 

Y abundó: Hidalgo no es un ilustrado a lo Voltaire, tampoco es un rousseauneano que reivindica el Contrato Social. No es un constituyente a lo francés ni como los constituyentes de Cádiz.

 

Tras aclarar que Hidalgo sí abrazaba ideas de igualdad entre todos, y en ese sentido tenía un perfil democrático, resaltó que la desautorización de su afrancesamiento político constitucional tiene que ver con la tradición hispánica medieval del buen gobierno y de la supremacía de la comunidad política.

 

Pero también, agregó, con quitarse de encima los estigmas que la Inquisición le estaba cargando, que lo declaraban apóstata, hereje y contrario a la sagrada religión. Ello en referencia a que España estaba invadida por la Francia napoleónica y considerada anticlerical.

 

Hidalgo no duda: el leal al rey legítimo es él. Los que son desleales al rey legítimo son los del mal gobierno, los gachupines.

 

Saucedo comentó que tenemos muy arraigados los mitos, y es necesario difundir cada vez más los resultados de las investigaciones hechas en los años recientes acerca de figuras como Hidalgo.

La jornada

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