La ruina del panismo

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Tarde, pero obstinado en detentar hasta el final de su mandato el protagonismo que mantuvo al interior de su partido durante el actual sexenio, el Presidente Felipe Calderón intenta ahora en vano salvar al Partido Acción Nacional de la peor crisis de su historia. Para ello ha convocando a su élite política a la unidad y la reflexión, reuniendo en Los Pinos a la pluralidad de grupos y corrientes representados por la dirigencia nacional y los liderazgos locales de dicha institución política. A raíz del intenso activismo post electoral desplegado por Calderón mediante la dinámica que en la víspera ha provocado dentro de las filas del blanquiazul, en los círculos panistas ya se habla de la necesidad de revisar los procedimientos para la afiliación de militantes, y los mecanismos de selección de dirigentes y candidatos, así como de la urgencia para reorganizar totalmente al PAN y retomar los valores del ideario político que le dio vida. En fin, los adalides del panismo parecen hallarse inmersos una verdadera contrición organizacional, a causa de las desviaciones y los pecados políticos cometidos.

 

 

El mensaje es claro, los panistas sienten que el peligro de extinción, o -dicho de otra forma- su factible regreso al bajo perfil que a lo largo de décadas marcó su tenue participación política, será la consecuencia inexorable en el mediano o corto plazo debido a la tendencia decreciente que en el aspecto electoral han venido registrando en los últimos años. La clase política albiazul, encabezada por el primer mandatario de la nación, ha empezado a repartir entre ella las culpas del rotundo fracaso electoral sufrido ante el claro triunfo del excandidato presidencial priísta, y hoy virtual presidente electo de México, Enrique Peña Nieto; según el cónclave cupular panista que por iniciativa de Felipe Calderón se efectuó la semana anterior en la residencia oficial, el Presidente de la República, la dirigencia del partido y la campaña de Josefina Vázquez Mota -su excandidata presidencial-, son los responsables de la caída del PAN al tercer sitio en las preferencias del electorado.

 

Tales escarceos políticos, entre los que han abundado especulaciones y amenazas respecto a la eventual remoción del chihuahuense Gustavo Madero, para dejar el cargo de presidente nacional del PAN -que por anuencia de Calderón aún ostenta-, hacen evidente el remordimiento que embarga al titular del Poder Ejecutivo Federal, por no haber sido capaz de culminar el ejercicio de su mandato constitucional con la entrega de buenas cuentas electorales a sus correligionarios de partido. Calderón sabe que dispone de muy poco tiempo para tratar de enmendar sus yerros frente a sus camaradas ideológicos, pues a partir del primero de Diciembre no podrá seguir desempeñando el papel de real director y operador político del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, que tras bambalinas y con tan magros resultados llevó a cabo en los recientes años. Por tal razón, a tres meses y medio de entregar el poder, hará todo lo posible por armar una parafernalia de mercadotecnia política a través de la cual el PAN y sus miembros prominentes vendan a la opinión pública la idea y la imagen de que son un partido nuevo, refundado y transformado.

 

No obstante los supuestos ejercicios de autocrítica del PAN, así como las aparentes conclusiones de sus análisis, y la intencional difusión mediática que de ello está haciendo ese partido, su realidad es otra, pues el escenario que el panismo enfrentará en los comicios de los años por venir se vislumbra desolador ante el declive electoral y la división interna hasta ahora observados, ya que en varias entidades del país fueron categóricas las derrotas que le infligió el PRI en el presente año, como es el caso de Chihuahua, donde el PAN solo obtuvo una diputación federal, perdiendo las ocho restantes, al igual que las dos senadurías y la presidencia de la república. Además, lo cierto es que pese a la estrategia concebida por Felipe Calderón, para generar en la percepción colectiva una idea sobre la existencia de diversos culpables de la debacle panista, es él, quien al haberse autoerigido de modo antidemocrático a lo largo de seis años como la figura hegemónica en torno a la cual giraron tanto la designación de dirigentes nacionales, como el resto de las decisiones cruciales para la vida de su partido, el principal responsable de la ruina que hoy llora el panismo.

 

Comentarios u observaciones: carlosjaramillovela@yahoo.com.mx

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