La poesía puede ser un contrapeso a la fealdad del mundo: Soyinka

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“Todos son café americano, muy ligero, y necesito un espresso. Uno muy fuerte”. Y es que apenas llegó el jueves por la noche, después de haber perdido la conexión de uno de sus vuelos desde Lagos, Nigeria. Más de 20 horas de viaje.

En el hotel no se puede conseguir el café que apetece, así que caminamos hasta un restaurancito con la esperanza de que ahí el líquido sea mejor. No lo es. El primer espresso doble es muy ligero. Mientras esperamos que el segundo sea más fuerte, comienza la charla con La Jornada.

La poesía “es algo que mira fijamente, que toca la sensibilidad humana. No creo que sea necesariamente revolución, porque sería una poesía muy aburrida. La poesía sería muy aburrida si estuviera enfocada sólo a revolucionar a la humanidad. Creo que simplemente al representar a la humanidad, al responder al fenómeno humano, a las relaciones humanas, a la experiencia de la naturaleza es como cambia las cosas”, manifiesta Soyinka, quien obtuvo el Nobel de Literatura en 1986, convirtiéndose en el primer africano en recibir ese galardón.

Su producción también abarca obras de teatro, prosa y la academia, pero se le identifica más como poeta. “Para mí, la poesía es otra forma de expresión, como pueden ser la danza, la música, la escultura o las artes plásticas. Lo que hace la poesía es comprimir los parámetros y las referencias de un sólo acto. Eso es lo que hace la poesía sin ningún esfuerzo. Algunos poetas se sientan y dicen quiero escribir un poema de esto o de esto otro, pero soy un poeta diferente: el acto mismo tiene que operar en mi imaginación y después lo escribo. Hay muchas formas poéticas y eso es lo que fascina a las personas”.

Sin embargo, añade, si me dieran a elegir entre quedarme con el teatro o la poesía, elegiría el primero. “Me gusta el ser humano como medio, y en el teatro es lo que usas. Escribo obras de teatro porque me gusta verlas en el escenario. Creo que no he escrito ninguna pensando que ‘algún día’ será puesta en escena porque todas se han representado. De algún modo el teatro es una forma de escultura. Se esculpe con barro, madera, piedra, pero en el caso del escenario son esculturas que se mueven”.

 Wole Soyinka en Jalapa, ayer, durante la charla con La JornadaFoto Sergio Hernández Vega

–Sin embargo, es en la poesía donde hay una relación más íntima con el lector.

–Sí, ahí es donde la poesía ejerce su poder de una forma diferente. Sin embargo, hay que recordar que en sus inicios la poesía fue hecha para recitarse ante la multitud. Después llegó la imprenta, Internet, etcétera…

En este momento llega el segundo espresso doble. Éste sí, un poco más concentrado. “Mi mente está comenzando a despertar”, anuncia el autor de Clima de miedo.

Así como la poesía fue escrita para recitarse en público “es posible que en sus inicios haya sido escrita como rezos. Eso no lo sabemos. El origen es de interés académico, todo lo que sé es que se unen en cierto momento, la poesía épica, la religiosa, los encantamientos que acompañan el proceso de sanación –que podría ser como comenzó la poesía–. En mi sociedad, por ejemplo, se recita poesía para hacer más eficaz la curación”.

Horizonte extendido

Wole Soyinka nació en Abeokuta, Nigeria, en 1934. Fue director, actor y fundó en 1960 la compañía de teatro Las Máscaras de 1960 y años después la de Teatro Orisun. Entre 1967 y 1969 estuvo en la cárcel acusado de conspiración por manifestarse en favor de un armisticio durante la guerra civil. Ha sido profesor en distintas universidades del mundo.

Para él, la poesía también significa acción. “Puede actuar como terapia en esta época de violencia y servir como contrapeso a la fealdad del mundo. Sirve apara ayudar al otro, para presentarle lo que es familiar en su propio lenguaje. Eso extiende el horizonte, porque hace responder a elementos del ambiente que damos como un hecho.

“Por ejemplo, hace unos años hicieron un experimento muy interesante en Rotterdam: colocaron poemas en los camiones de basura. Recuerdo a uno de los conductores de estos camiones que se hizo asiduo a las presentaciones que se realizaban durante ese festival. Era un hombre en sus cuarentas, creo que nunca había leído poesía, y podría decir que la vida de este hombre y de muchos otros fue transformada de una forma imperceptible. Fueron influenciados en su conducta, sus relaciones, su actitud frente al trabajo. Eso podría decirse de cualquier forma de arte.”

Da el último sorbo a su café. Terminaron los 15 minutos de charla y todavía le espera una larga mañana de entrevistas.

Este sábado Wole Soyinka se presentará, a las 17 horas, en la carpa de la Casa del Lago de Jalapa, Veracruz.

La Jornada

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