La extinción del PAN

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Ha empezado la cuenta progresiva del año nuevo 2011. También ha dado inicio el conteo regresivo del gobierno federal en turno, que al entrar en su tercer bienio comienza el trayecto por la etapa final de su sexenio. Las presentes circunstancias no son las mejores para el país, e igualmente adversas resultan para el gobierno de Felipe Calderón y su partido, el PAN. Tanto la compleja realidad socioeconómica y política que actualmente agobia a México, como el insatisfactorio desempeño del gabinete gubernamental, son factores que pesan en el ánimo de la gente y harán la diferencia en el desenlace sexenal electoral, cuyo resultado se vislumbra como un evidente retorno del PRI a Los Pinos.

Además de lo anteriormente referido, se percibe en las filas panistas un marcado déficit de liderazgo así como una profunda división, derivados de la desaprobación de algunos sectores tradicionalistas del panismo respecto al modus operandi con el cual el Presidente Felipe Calderón intentó administrar, en al menos dos ocasiones, la dirigencia del partido, a través de Germán Martínez y César Nava, en los últimos años. Hoy el agravio está causado y la clase política albiazul difícilmente olvidará la afrenta que su líder moral, el Presidente de la República, le infligió. Bajo tales condiciones el PAN enfrenta una complicada escena, pues la crisis de ruptura interna que hoy vive ese partido, así como la ausencia de líderes prominentes con el peso suficiente para buscar la candidatura presidencial, aunadas al descenso en las preferencias ciudadanas y los menguados resultados electorales obtenidos en los recientes comicios, ponen al panismo y a sus dirigentes en aprietos verdaderamente serios, amenazando con volver a colocar al PAN en el bajo perfil que ocupó durante muchos años.

Ha empezado a configurarse lo que muy probablemente se convertirá en la decadencia del efímero éxito bisexenal del PAN. Las desesperadas e ilógicas alianzas que el PAN ha venido acuñado con el PRD revelan el peligro de extinción que comenzó a percibir la dirigencia panista desde la mitad del actual sexenio. Ante el debilitado panorama que vulnera al partido albiazul, hoy sus dirigentes tratan de aplicar la tesis de que -aunque sea con la izquierda- la unión hace la fuerza. Por su parte el perredismo, que tampoco las trae todas consigo, ha carecido de la congruencia y la verticalidad suficientes para rechazar las proposiciones -políticamente indecorosas- de su otrora acérrimo rival de la derecha.

Con el nuevo año calendario inicia pues el cierre del ciclo sexenal y el desenlace de un capítulo por muchos ya pronosticado. La recta final de la carrera por la sucesión presidencial está por transitarse. Felipe Calderón, no tendrá otra opción que dejar en libertad su partido para que democráticamente elija candidato. Ni Santiago Creel ni cualquier otro aspirante alcanzarán la popularidad de Enrique Peña Nieto, mientras que Diego Fernández de Cevallos sucumbirá por el peso de su propio montaje mediático. La llamarada del PAN se extinguirá, haciéndolo volver de nuevo a la penumbra, y el PRI regresará a la Presidencia de la República.

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