Kinderwunsch “celebra el cuerpo humano como albergue, habitación y refugio”

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“Para hacer frente a la finitud de lo soplos vitales y para ayudar a sus futuras rencarnaciones, Ana Casas ha armado en Kinderwunsch un personalísimo e inimitable modelo de álbum familiar, en las antípodas del monumento que el presidente Miguel Alemán inauguró en 1949 como homenaje a las estoicas madres mexicanas, ésas que nos quisieron antes de conocernos y todavía saben llorar al estilo de Sara García”, expresó el especialista Alfonso Morales en la presentación del impactante volumen en el Museo Tamayo.

En tanto secuela de su anterior proyecto bibliográfico –Álbum (2000)– Kinderwunsch “problematiza las nociones aceptadas que han hecho del retrato el mausoleo que normaliza identidades y genealogías, el combustible que mantiene vivos los fuegos fatuos de la celebridad y la fama, y el medio disciplinario y controlador de las efigies”, siguió el curador y escritor de la fotografía.

“Por la vía del diario y el autorretrato –estrategias favorecidas por el arte contemporáneo–, el notable fotolibro de Ana Casas celebra el cuerpo humano como albergue, habitación y refugio. No es poca cosa en un horizonte civilizatorio, donde la vida parece diluirse en el trajín de las multitudes sin nombre, en la impostura consumista y en la fatalidad de la violencia”, acotó Morales.

En el acto, moderado por Mauricio Mallet, director de artes visuales de la Fundación Televisa, Itala Schmeltz preguntó sobre “lo que hay en estas fotos que me impresiona tanto”. La directora del Centro de la Imagen contestó: “Tener todo el tiempo esa sensación de la tremenda sinceridad obscena”. Agregó que “aquí hay, sobre todo, un documentalismo obsesivo, casi en un sentido hiperrealista, pero, por el otro lado, una absoluta seducción hacia un lugar difícil de aprehender, onírico, inconsciente”.

La maternidad, tema de Kinderwunsch, suele idealizarse y hay muchos lugares comunes desde donde es permitido hablar de ello, verlo, acotó Schmeltz. Sin embargo, “hay territorios al que es muy difícil llegar. Es justo a ellos a donde llega el libro de Ana. Esa cosa de estar entre el terrible dolor y el placer más absoluto”.

Para la escritora Beatriz Novaro éste es un libro sobre “el miedo de olvidar lo que no se puede decir, que la palabra no da, que la imagen no da”. Entonces, “¿por qué el libro de Ana Casas dice tanto? La clave está en los huecos que deja, porque en realidad no es sobre el cuerpo, sino sobre el tiempo, lo más que se puede decir. Las imágenes flotan en un tiempo estancado, quieto, son mudas, dizque, y en realidad nos sacan de aquí y de ahora, de este tiempo que corre, se para, se hinca, despeña y uno anda tras el sin lograr atraparlo. Es el tiempo concreto que las palabras de Ana nos dicen”.

Casas Broda resumió: “Me importa hablar del medio de la fotografía a través de una narración. Finalmente, la autografía es un medio que se transforma, muta, se adapta al tiempo de manera alucinante. Es necesario reflexionar sobre él y la manera de hacerlo es mediante las conexiones que la fotografía tiene con la propia vida.

“Allí se detona la potencia increíble que tiene este medio y que la medida en que nos permita acceder a cualquier experiencia, tanto como fotógrafo, o como lector, es un universo alucinante”. La Jornada

 

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