“México es como la imagen perfumada del Apocalipsis”

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Este artista multidisciplinario, quien reflexiona y crea espejos sobre nuestro tiempo, también arremetió contra la actual directora del Museo Tamayo Arte Contemporáneo, Carmen Cuenca, a quien señaló como responsable del veto a una obra suya para la reinauguración de ese recinto, tras su remodelación.

Hernández exhibe su obra, ya sea con las galerías La Caja Negra de Madrid o la Kurimanzutto, en México, así como en la feria de Arte Contemporáneo.

Ahora está en Madrid para inaugurar una nueva exposición en la sede de La Caja Negra y presentar un libro, Vulnerabilia, que son piezas formadas de fotografías de prensa que, en su conjunto, forman un gran atlas de la decadencia de nuestra era.

Con sus miserias, alegrías, tristezas, éxtasis y dolor, se trata de piezas contundentes e irónicas, inspiradas en parte en la hecatombe que vive la civilización occidental y capitalista, y también en un ensayo de Henry David Thoreau, La desobediencia civil, que Jonathan Hernández redefine como Disolvencia civil.

La agudeza e ironía de Hernández están presentes en sus fotografías y piezas, como en su libro, donde las asimetrías son vitales para el diálogo de ping pong al que las somete.

“El tema recurrente es la invisibilidad –voluntaria o no–, la incapacidad de enfrentar una realidad, porque aparece en exceso deslumbrante o dolorosa”, explicó Fernando Cordero, galerista español.

En entrevista con La Jornada, Hernández manifestó que la finalidad de la muestra “es muy clara en relación con el tiempo, el contenido y el diálogo de intenciones y relaciones entre las piezas. Pensé la exposición en contraste con el momento crítico que vive Europa y la economía en general, y ahora en los meses recientes focalizado en España. Siempre he estado atento a las convulsiones sociales y trato de que haya un ping pong con el lugar donde hago un proyecto y así tender un puente. Ahora es muy importante por la idea de que vivimos un final de época, una especie de Apocalipsis”.

En cuanto a inspirarse en Thoreau, Hernández adelantó que en la obra La desobediencia civil hay un punto de ironía, “pues está el ensayo completo en blanco sobre blanco, con la intención de generar la idea de que ese mensaje tiene presencia y, de forma simultánea, no la tiene. Se difumina. Es invisible. Es un espejo de situaciones, de paisajes de la actualidad y de este momento crítico en el que este llamado a la desobediencia civil es presente e inactivo. Las manifestaciones contra los recortes sabemos que no influyen de manera determinante en los centros del poder político. La distancia entre las estructuras de poder y la sociedad es cada vez más amplía. Y esta pieza es una manera de reflejarlo”.

México y su compleja espiral de violencia, así como los conflictos sociales y políticos también son explorados por el artista, quien aseveró: “México es como la imagen perfumada del Apocalipsis, en el sentido de que ni siquiera nos damos cuenta de las repercusiones de lo que viene con el regreso del PRI. Es grotesco y refleja los mecanismos de limpieza de la imagen, que el PRI en esto es especialista. Y a partir de ahora será más y con más infamia. Es muy perverso lo que pasa y creo que ni siquiera nos damos cuenta o no queremos. La alianza descarada entre políticos y delincuentes nunca ha dejado de existir en México. En los periodos de gobierno panista también. Ahora es el regreso de la perversión más especializada e infame. No es nada nuevo que el funcionamiento del país está ligado a un lado muy oscuro, pero ahora es algo aberrante”.

Medrar con un cargo público

Hernández narró su mala experiencia con la directora del museo Tamayo: “Algo que es atroz y que de alguna manera me atañe de forma directa es la reinauguración del museo Tamayo y la nueva sala Carlos Hank Rhon, porque no es ningún secreto que Carlos Hank es un delincuente, alguien a quien si le das una botella de plástico vacía, él es capaz de traficar con eso. Lo ha hecho con animales, droga, armas, etcétera”.

Y relató que para la inauguración del recinto lo invitaron a hacer una pieza. “Yo les propuse, a manera de crítica institucional, hacer un cartel visible con la cifra de gastos de la A a la Z de la remodelación, de la producción de exposiciones, de las fiestas de inauguración.

“Al principio fue un poco incómodo. La directora Carmen Cuenca y la curadora Andrea Torreblanca me dijeron que a lo mejor sí lo hacían, para lo cual yo les mandé una serie de peticiones para cotejar las cotizaciones sobre los gastos con las facturas y demás documentos contables.

“Cuando voy a una reunión para que me entreguen los informes, se limitaron a decirme verbalmente cuánto había sido de cada cosa. Y me dijeron que lo podría ver en la página del Ifai, pero lo busqué y nada aparecía. Entonces les explique que para realizar la pieza necesitaba los documentos y al final ellas llegaron a la conclusión de que la obra no se podía realizar.

“Carmen Cuenca es de Tijuana y creo que es comadre de Carlos Hank. Y, según mi investigación y lo que me dijeron, su intención desde un principio era hacer cuatro inauguraciones del museo: una con el presidente actual, otra con el electo, con Peña Nieto, para amarrar el puente para los próximos seis o 12 años, otra con la comunidad cultural y otra con el pueblo, que fue una especie de kermés con bailes oaxaqueños. Es decir, lo único que hizo fue amarrar su hueso con el mismo estilo del viejo PRI. Además de ser una directora que no tiene ni la menor idea de lo que es el arte ni lo que implica hoy día. Está informada de ello, pero al final sólo hace su negocio en un cargo público.”

El museo Tamayo guarda silencio

Este corresponsal intentó cotejar la versión de la denuncia de Jona-than Hernández con la directora del Museo Tamayo Arte Contemporáneo y con la curadora de la exposición, Andrea Torreblanca, pero ambas se negaron a hablar y prefirieron guardar silencio sobre el asunto.

La Jornada

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