Jesús Martínez G., compositor jimenense autor de: Déjame vivir

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Tras de la muerte de su progenitor y en la capital de la República, Jesús se vio de pronto sin dinero para subsistir y mucho menos para costearse el pasaje y regresar a su tierra. Echó mano de su único traje, lo llevó a una de las calles del barrio de La Merced, donde se vendía ropa usada y por unos cuantos pesos a cambio, tuvo apenas lo suficiente para comprar un boleto de segunda ene. Ferrocarril, haciendo el viaje en ayunas, pues nada había sobrado para la compra de alimentos.

 

Instalado nuevamente en Jiménez, comenzó a dar clases de música y piano y se convirtió en pianista de algunos grupos improvisados.

 

El 16 de agosto de 1913, antes de que Jesús viajara al Conservatorio, compuso en Ciudad Jiménez, su primera canción. Fue un vals llamado En tu día, que le dedicó a su madre con motivo de su onomástico.  Ese día se había abierto la puerta de la inspiración, momento que marcaba el inicio de un carrera en la música y la composición.

 

Estando en Hidalgo del Parral, un día de 1919, visitó a un amigo suyo al cual encontró destrozado moralmente debido a una terrible decepción amorosa.  Jesús trató de consolarlo de mil formas, pero nada aceptaba el adolorido enamorado… ¿Adolorido?, era buen tema para hacer una nueva canción.  Esa misma noche estuvo trabajando en aquella idea y a la mañana siguiente tenía letra y música de una de las canciones rancheras de fama que ha traspasado las fronteras: El Adolorido, que ha sido grabada por grandes cantantes de ranchero y fue tema de una película mexicana.

 

Ahí mismo, en Parral, y en el mismo año, escribió una polea que habría de salir también rumbo a otros espacios para ser grabada por numerosos conjuntos musicales, se llamó La pequeña.

 

En 1924, el compositor y pianista decidió, llegado el momento, formar un hogar y contrajo matrimonio, el 24 de agosto, con la señorita Beatriz Domínguez, quien sería la compañera de siempre del músico chihuahuense.  Del matrimonio nació su hijo Jesús.  El pianista necesitaba cambiar de paisaje y un día decidió partir con su familia rumbo al mineral de Santa Eulalia – hoy Aquiles Serdán, Chihuahua-, donde vivieron por algunos años.

 

Un día decidió partir hacia la fronteriza ciudad de Ojinaga, quizá atraído un tanto por los dólares que podría ganarse cruzando la frontera para ir a los poblados cercanos a llevar la música de su piano.

 

Era en 1933 y en Villa Acuña, donde existía una potente radiodifusora, organizaban un concurso de canciones mexicanas.  Escribió Martínez González una pieza musical que tituló Bajo el cielo de Chihuahua y con él ganó el concurso en el que habían participado más de 300 compositores.

 

Era mucho lo que habían batallado en poblaciones pequeñas, así que decidieron trasladarse a la capital, donde a Jesús le fue fácil colocarse en diferentes grupos musicales, iniciándose en la Orquesta de Manuel de León que, en aquellos años, era indudablemente la mejor y más completa en el norte. Después Jesús integró su propio grupo al que llamó Quinteto de Antaño, por el tipo de música que interpretaban. Jesús Martínez llevó sus conocimientos a numerosas escuelas donde fue maestro de música, y una de ellas en especial, el Colegio Palmore, donde Jesús dejó una huella imborrable, siendo autor de la música del himno del colegio.

 

Para entonces habían nacido dos de las más célebres y famosas canciones de Jesús Martínez: Alma Jimenense, con claro sentimiento de añoranza al terruño natal, escrita en 1933, y que llegaría a grabaciones nacionales.  Al año siguiente surgió Déjame Vivir, sin duda la que mayor éxito alcanzó siendo grabada por Lupita Cabrera, Los Mirlos, el Trío Los Pepes, Consuelo Vidal, una de las mejores intérpretes de Agustín Lara, Raúl Martínez y René Ortiz Cabrera. 

 

Su producción musical asciende a unas 400 canciones, sin contar aquellas de tiempo escolar o himnos escritos durante su paso por escuelas de la ciudad de Chihuahua.

 

Chihuahua capital, y su tierra Jiménez, todo el Estado tiene una deuda con él; salvo aquel homenaje de 1965, no se organizó otro en su memoria, aunque en realidad no hace falta, pues el que fuera destacado compositor, pianista, y amigo, vive en sus canciones y es recordado por quienes han gozado las sentidas notas de su música.

 

Jesús Martínez González falleció en la ciudad de Chihuahua por la madrugada del 9 de enero de1975 y fue sepultado en el Panteón de Dolores.

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