¿Podremos detener este infierno en el que se debate México?

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¿Cómo pudimos llegar hasta los niveles de extrema violencia que padecemos?

¿Cómo pudimos construir y mantener este mundo atroz?

Ante esas cuestiones vemos la necesidad de plantear respuestas y estas ,estimamos, deberan pasar por la reflexion que implica el darse cuenta y la toma de consciencia, como medios efectivos que propicien el cambio y el nacimiento de una nueva realidad donde reine la solidaridad, la paz y la justicia.

 

Y cabe decirlo, ante el flagelo de la violencia todos tenemos algo que decir, pues existe algo que se está pudriendo en nuestra sociedad, que nos afecta a todos y no podemos considerarlo como hechos aislados, en algunas regiones, dado que son síntomas que obedecen a causas que derivan de hechos comunes y el hecho de no haberse presentado en todas las regiones de México, (algunos dirán que esta focalizada en regiones como chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Michoacán, Gurrero) la verdad es que esta todo el país en camino del incendio generalizado, solo veamos las ultimas violentas sacudidas en Zacateca y Jalisco. Y aún así, si ese fuese el caso, que no lo es; de que se considerará que se tratase de regiones, no por ello debemos considerarlas ajenas al resto de la nación donde todavía no se da esas atrocidades.

No olvidemos que somos una nación y que por esas realidad socio económica política, no podemos tener una visión reduccionista, miope que nos impida ver y tratar de resolverla, dentro de nuestra esfera individual y colectiva. Pues esas atrocidades no están o deben verse como circunstancias negativas  que “están afuera” de nuestras vidas

 

Nuestra nación y su realidad está repleta de atrocidades, rebosante en penas…..

 

Cabe preguntarnos, cómo cambiar este infierno, como detener esa senda maldita?

 

Insistimos que la hoja de ruta para empezar a cambiar este mundo violento, atroz, deberá obedecer a la Toma de conciencia que nos puede llevar a “Parar” esta violenta y nefasta realidad que nos liquida y mata como nación.

 

Sin duda, ese camino empieza en cada uno. Tiene que ver con negarnos a convertirnos en homicidas por ambición y al apetito nefasto por la riqueza, al lujo y al dinero mal avido.  

 

La raíz de este mal es la vanidad y por ello, su solución tiene que pasar por la toma de consciencia, ya que de hacerlo nos lleva a considerar y dejar de lado esa ilusión, que destruye todo a su paso, cuando no es controlada por un deber de auto limitación.

 

Todo esta violencia, secuestros, ejecuciones, feminicidios, derivan de la perversidad en que ha caído nuestra mentalidad.

 

Analicemos esas conductas y veremos que ellas obedecen a la lógica del ego, de la falsa personalidad de nuestro verdadero ser. Y que todas esas manifestaciones negativas derivan, en última instancia, de la vanidad y la codicia que ello conlleva.

 

Para empezar a remediar esta negativa situación personal y colectiva, necesitamos darnos cuenta de que tenemos que parar nuestra mente en sus manifestaciones de perversidad y de maldad..

 

Empezando por reconocer, aceptar y darnos cuenta de que este mundo atroz, es producto de nuestra mentalidad libertina enfocada hacia la perversidad. Y de que lo hemos permitido en nuestro fuero interior, dejando libre el camino para su manifestación en el mundo de los hechos. Razón por la cual debemos a reconocer nuestra corresponsabilidad en la construcccion y sostenimiento de esa nuestra realidad negativa, tan extendida y amenazante que por ahora nos domina.

 

Y para iniciar ese cambio que debemos hacer? Resulta necesario tomar conciencia de nosotros mismos como individuos, auto observarnos, como una personalidad, un ser que vive para un fin trascendente. 

 

Que nuestras apetencias estan dominadas por la parte instintiva de la mente y hemos dejado de lado la parte espiritual. 

 

Aunque resulte paradojico pensar que para espiritualizar nuestras vidas se necesita recorrer el camino de concientizar nuestra ficisidad; asi es, es necesario para estar en una ruta correcta en lo que respecta a la cuestion de la violencia. 

 

Y para iniciar ese cambio es preciso comenzar por reflexionar sobre lo que somos como organismo biologico, y de que esa vida, (nuestras existencias) se encuentran sostenidas por una funcion esencial sin l cual moririmos: Nuestra respiracion. Meditar sobre ese hecho organico de respirar, de que nuestras vidas dependen de esa funcion vital, que nos mantiene vivos, como seres orgánicos en esta realidad. (pareciera absurdo hablar de esa obviedad, pero que paradojicamente no todos ni en todos los casos, solemos tener consciencia de tan esencial funcion para nuestras vidas). Pues esa observacion es fundamental, y que paradojicamente poco o nada hacemos, es de donde derivan nuestras incapacidades para entender el milagro de vivir y la falta de proposito en nusetras vidas.

 

Por ello auto Observarnos, nos puede conducir a la toma de consciencia necesaria para detener este infierno de la violencia atroz que  que padecemos, mediante el cual negamos la vida.

 

Con ese solo hecho de observar nuestra respiración, y de la toma de consciencia sobre esa función orgánica (la cual poco o nunca, desgraciadamente) y nos detenemos a pensar del cómo esa función nos mantiene vivos, mediante su constante e ininterrumpida repetición y en cada instante de nuestra vida (que hace posible el aquí y ahora); ya que esta la realizamos de manera automática y sin tener consciencia de ello, sin saberlo, sin pensarlo……

 

Por ello, hagámoslo desde ahora. Fijamos la atención en nuestra respiración, démonos cuenta que estamos vivos, que somos un aliento de vida manifestada en esta dimensión de la carne y la sangre humana, para experimentar la magia de ese vivir con un proposito espiritual: Y quizás con ello, podamos empezara a entender y tomar conciencia que somos fuego y luz y reflejo del aliento divino que todo lo sostiene y nutre para un proposito que trasciende y podamos dominar nuestras insolidaridadaes egocentricas y oscuras de nuestra expresion de vida en esta dimension de los sentidos. 


Con ese solo ejercicio de la consciencia podemos iniciar el camino del cambio a nuevos mundos, nuevas realidades, armónicas, justas, donde reina la paz. Ese final de ruta, tiene un origen, empieza por nuestro cambio interior.

 

Sin duda, al empezar a reconocer que toda crisis viene de la inconsciencia, nos pondrá en el camino en donde reconozcamos que la vanidad, sus desmesuras y excesos, deberá morir para dar origen a un hombre y una sociedad donde impere la justicia. Con ello habremos negado ese falso mundo de la fama, el dinero y el poder sin medida y freno.

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