¿Cuál es el real impacto de la crisis mundial en México y los mexicanos?

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“Los resultados son positivos, a pesar de las críticas,” declaró el Presidente Felipe Calderón la semana pasada, al dirigirse a los visitantes internacionales, que en diversos momentos sesionaron en México: en el Foro Económico Mundial para América Latina;  el G-20 de las economías más relevantes del mundo; y en la Reunión Ministerial para el Comercio Exterior.

 

El problema es que el Presidente hablaba de la situación que más interesa a las empresas y a los hombres de dinero,  porque  -dijo–  la inflación es “cada vez más baja, alrededor de 3% anual”; las reservas internacionales son de 150 mil millones de dólares; y derrotamos la enorme tentación de proteccionismo; porque “justo en lo más intenso de la crisis económica mundial, en 2008, México abrió su comercio y redujo aranceles.”

Y aseveró: “siempre he sido optimista con este país; y cuando se habla tanto de los problemas del narcotráfico, debemos ir a los hechos, no hay que concentrarse en los titulares sino en las tendencias. La economía mexicana va por buen camino”

 Y ante eso, alguien podría haberle preguntado: “¿y los 57 millones de pobres?”

Absolutamente nada dijo de la creciente pobreza en México, que ha llegado a afectar a casi la mitad de la población; ¿ni del desempleo, empleo informal, o    subempleo?  ni del casi estancamiento de la economía mexicana y de los ingresos per cápita?

Para el segmento más numeroso de la población  –fuertemente mayoritario–    esos temas son de fundamental importancia para sus vidas. Pero parecería ser que esas cosas no le importan a nuestro Presidente.

Enfoquémonos en el EMPLEO en México y sus circunstancias, porque en buena medida ese fenómeno es básico para lo que está pasando con la tendencia de la pobreza que afecta a la mitad de las familias mexicanas. Según las cifras oficiales, hay actualmente 2.6 millones de desempleados, que representan el 5.45% de la fuerza laboral; pero hay también 13.4 millones de mexicanos empleados en la informalidad y 3.9 millones de subempleados. Estas últimas dos clasificaciones suman 17 millones de personas, que representan el 35% de los 48 millones que conforman la fuerza laboral en México; y no están protegidas en materia de salud ni por la seguridad social para su eventual jubilación. Constituyen una “bomba de tiempo” social por estar fuera de la fuerza laboral formal; la protegida.

Obviamente tiene que haber cambios de fondo en la forma en que opera la seguridad social en México, y algunos lo están pensando, haciendo propuestas al respecto. Pero, mientras tanto, ¿qué políticas públicas podrían aplicarse en las actuales circunstancias?

Hay varias alternativas, pero todas implican involucrar al Estado mexicano en una ruta de orientar y actuar en la economía para que CREZCA y que genere empleos mejor remunerados y protegidos. Lamentablemente eso rebasa el entendimiento de las  personas que no confían en la acción del Estado en la economía, porque ¡Violarían el Consenso de Washington!

 (*) Presidente de El Colegio Nacional de Economistas

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