Hernán Cortés, el verdadero autor de la crónica de la Conquista: Duverger

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Tales pruebas y argumentos se encuentran contenidos en el libro Crónica de la eternidad: ¿quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España?, que el jueves de esta semana será presentado en México bajo el sello de editorial Taurus.

Mezcla de investigación histórica y novela policiaca, en este volumen el especialista expone quién es en realidad Bernal Díaz del Castillo y cómo fue que el verdadero autor de esa sensacional crónica histórica, considerada documento de primera mano y obra de arte literaria, logró pasar tanto tiempo tras las sombras.

¿Cómo pudo un simple soldado raso, sin experiencia literaria, escribir la magna crónica de la Conquista? ¿Cómo pudo estar tan cerca de Cortés en todo momento y, sin embargo, no aparecer en ninguna de sus cartas, en ninguna de las crónicas y registros de la época?, son las dos interrogantes que plantea Christian Duverger para comenzar la entrevista con La Jornada.

De acuerdo con el historiador, quien es profesor de la cátedra de antropología social de Mesoamérica en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, las dudas sobre Bernal Díaz del Castillo han sido una constante a lo largo del tiempo entre diversos investigadores y autores; incluso alguno por allí ha puesto en tela de juicio su existencia.

Ello debido a las contradicciones y zonas de sombra en la vida del cronista, quien en la famosa historia de la Conquista no escribe nada sobre sí mismo, mas que es nativo de Medina del Campo, en Castilla la Vieja, y que tenía 84 años en 1568, que es la fecha del punto final de su crónica.

“El primer documento que tenemos de Díaz del Castillo es de 1544, y todos los especialistas que han buscado su presencia entre los 540 soldados con los que Cortés emprendió la conquista de estas tierras nunca la han encontrado”, destaca Duverger.

“Ése es un elemento que no soy el primero en señalar. Todos los autores se han topado con eso. ¿Por qué nadie ha sido capaz de hacer su biografía, por qué no tenemos datos biográficos? Ese es un elemento común entre diversos investigadores y autores; lo más que se ha escrito al respecto son dos o tres páginas”.

Los primeros datos que certifican la existencia de Díaz del Castillo se remiten a 1544, en Guatemala, donde va a morir en 1584, de acuerdo con el historiador, quien fue consejero cultural de la embajada de Francia y ha sido colaborador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Bernal Díaz del Castillo es un hacendado en Santiago de Guatemala. El personaje histórico existe, pero que sea el autor de la crónica de la Conquista es absolutamente imposible, por varias razones que explico a lo largo del libro, entre ellas fechas, acceso a libros que cita y, finalmente, no tenemos ningún documento que pueda comprobar que supiera escribir”, explica.

“Le tocó vivir en una época en la que la separación entre los que recibían instrucción y los que no era muy fuerte. La población instruida en la España de ese entonces era de entre uno y dos por ciento. Eso significa que entre los más de 500 soldados que vinieron con Cortés, si 15 sabían leer y escribir, eran muchos. He buscado entre ellos los que sabían hacerlo, encontré a 12 y no figura Díaz del Castillo.

“La cultura en esa época, pues, era una cosa rara y en la Historia verdadera… hay referencias muy cultas, entre ellas elementos escritos a la manera de Homero, a las historias latina y griega y a la Biblia, así como vocablos nuevos derivados del francés y el latín. Son elementos absolutamente imposibles de encontrar en la mente de un soldado raso como era Díaz del Castillo.”

A lo anterior, el especialista suma inconsistencias e incluso incongruencias de orden práctico que aparecen en la crónica de la Conquista, entre ellas que Díaz del Castillo haga referencia a libros a los que no pudo tener acceso por carecer de la autorización de la corona española y de la Iglesia, como La Historia de la conquista de la Nueva España, de Francisco López de Gómara, y otros de Fray Bartolomé de las Casas.

Christian Duverger señala que el libro Crónica de la eternidad es en realidad la continuación o segundo tomo de su biografía sobre el conquistador de México, Cortés: la biografía más reveladora, escrito en 2001, originalmente en francés, y publicado en español en 2005, también por Taurus.

A su decir, prevalece una visión distorsionada sobre ese personaje, no sólo en términos generales de la sociedad mexicana, sino entre varios historiadores, al desconocerse que era un hombre totalmente mestizo en términos culturales y que muchos elementos de su personalidad provenían de su comprensión del mundo prehispánico.

“Existe una visión imperfecta de Cortés. No vamos a negar que la Conquista fue un acto de violencia, conflictivo, pero hay un malentendido sobre la personalidad del conquistador, porque él no quiso destruir a los indios, sino protegerlos, y decidió instalar un mestizaje para, precisamente, poder conservar lo mejor de la cultura prehispánica”, señala.

“Fue un personaje más inteligente de lo que ha sido considerado. Era un hombre del Renacimiento y, como tal, con apertura de espíritu, lo cual contrasta con la corona española”.

Testimonio irrefutable de su humanismo, dice, fue que no quiso que se repitieran en lo que hoy es territorio mexicano los “genocidios” cometidos contra las poblaciones autóctonas, primero, de Santo Domingo y, luego de Cuba, y planteó para las nuevas tierras conquistadas el ya mencionado proyecto de mestizaje.

Una vez consumada la Conquista, lo que hizo el militar español fue escribir un comentario de ese hecho, en lo que se conoce como la Segunda carta de relación. Oficialmente se trató de una carta al rey Carlos V, pero en realidad fue una manera muy hábil de dar al público de su época conocimiento de esa noticia, refiere el académico.

“Eso no es algo normal entre los jefes de guerra. Hay los que saben matar, planear una batalla, pero que no saben pensar lo que hacen, y otra cosa es saber escribir lo que hicieron”.

¿Pero cómo, en qué momento y por qué fue que Hernán Cortés escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, y cuál fue el motivo para no firmarla?

Aunque eso es precisamente lo que responde en su libro ya mencionado, Christian Duverger acepta explicar que esa fue una decisión que el conquistador tomó una vez que regresó a España, en 1540, y decidió alejarse del mundo político para ocuparse de dos aspectos en particular: el mundo de la cultura y la memoria de su acción.

Así fue que, entre los años de 1543 y1546, organizó una Academia entre notables, que se reunía una vez por semana en su casa de Valladolid, cuyas actas de sesiones se preservan a la fecha en un libro publicado 20 años después de la muerte de Cortés, ocurrida en 1547. Eso fue para saciar su interés por la cultura.

Respecto de su preocupación por preservar para la posterioridad la memoria de su acción, el conquistador de la Nueva España consideraba que había dos maneras de hacer historia: la documental y la testimonial, platica el investigador.

Lo que hizo fue, por una parte, contratar a una persona para que escribiera la historia de ese hecho a partir de su archivo. Ese personaje fue el eclesiástico Francisco López de Gómara. Y, por otro lado, al mismo tiempo fue ponerse a escribir por su propia cuenta esa fascinante historia, valiéndose para ello, en principio, de la invención de un soldado anónimo, cuenta.

De tal manera, agrega, Cortés tenía asegurada la pervivencia de la crónica de ese hecho desde la perspectiva de la historia documental y también testimonial, subraya Duverger, quien trae a cuenta la prohibición de escribir que recaía sobre el conquistador impuesta por el emperador Carlos V y refrendada luego por el hijo de éste, el rey Felipe II.

“Las obras de Cortés fueron quemadas en plazas públicas, no por el contenido, sino porque era competidor de la legitimidad del propio rey. Fueron éxitos de edición, bestsellers de esa época. La primera carta publicada, que fue La segunda carta de relación, tuvo una edición de 4 mil ejemplares, lo cual fue un éxito en esos años, sobre todo si se considera que el costo de cada libro era el equivalente de 20 mulas o tres o cuatro caballos”, indica.

“Como ya no podía escribir, Cortés consideró que comisionar a López de Gómara era una alternativa que podía funcionar. Pero le faltaba otra parte, la del testimonio; entonces decidió inventar un personaje de soldado raso, testigo permanente de la acción. Éste obviamente era un personaje ficticio.

“Entró entonces Cortés en una especie de juego que no es estéril, que tiene sus fundamentos, que es la historia de su acción a partir de datos de archivo y la otra escrita a partir de un testigo y testimonios directos”.

–Si se aceptara que Bernal Díaz del Castillo no es el autor de La historia verdadera…, ¿está usted abierto a la posibilidad de que el autor sea otro ajeno a Hernán Cortés?

–Para conocer y entender todos los elementos que figuran en esa crónica hay que tener una vinculación directa con Cortés. Fue así que busqué en torno de su círculo más cercano si alguien más podría ser el autor, pero no encontré pista alguna.

“Además, como expongo en un capítulo del libro, dedicado al aspecto lingüístico, hay elementos del estilo de Hernán Cortés que figuran tanto en las cartas de relación como en la Historia verdadera, digamos, una especie de marca de fábrica.”

El libro Crónica de la eternidad reúne “una enorme cantidad de elementos” para afirmar que el propio conquistador es el hacedor de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, refrenda para concluir el autor, quien en su obra también aborda la fascinante historia del manuscrito de esa crónica y cómo fue que se le atribuyó la autoría a Díaz del Castillo.

“Es una visión apoyada en muchos datos, tan sólo hay 40 páginas de citas y referencias. No es, entonces, una fantasía. Es una óptica que renueva la visión sobre Cortés”.

La Jornada

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