Galardonan al chino Mo Yan con el Nobel de Literatura 2012

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El galardonado, uno de los favoritos para obtener el premio este año junto con el japonés Haruki Murakami, dijo que “al saber que me habían concedido esta recompensa, me sentí muy feliz y asustado. Sin embargo, no creo que ganar el premio signifique nada. China tiene muchos grandes escritores y creo que sus obras también se merecen ser reconocidas por el mundo”, de acuerdo con declaraciones publicadas por la agencia semioficial China News Service.

Mo Yan, cuyo nombre verdadero es Guan Moye, añadió: “Voy a depositar gran parte de mis esfuerzos en crear mis nuevos trabajos. Seguiré trabajando duro y agradezco a todos. En cuanto a si iré a Suecia a recibir el premio, esperaré las palabras de los organizadores sobre los arreglos”.

El Premio Nobel de Literatura se entrega el 10 de diciembre en Estocolmo y este año la Academia Sueca redujo el monto de 10 millones de coronas suecas a 8 millones (1.2 millones de dólares).

El escritor supo la noticia en su natal Gaomi, en la provincia oriental de Shandong, lugar a donde se trasladó desde Pekín –ciudad en la que reside– para estar dos semanas con su padre.

De acuerdo con las agencias de noticias internacionales fue imposible obtener otras declaraciones, ya que el galardonado apagó su teléfono celular. “Se va a sentar y se va a tomar su tiempo para decidir lo que quiere decir, pues está harto de los medios”, dijo Eric Abrahamsen, especialista estadunidense en literatura china.

La designación de Mo Yan, cuyo nombre significa “No Hables”, causó polémica dentro y fuera de China, ya que si bien los medios locales lo llaman “el primer chino en recibir este galardón”, el Nobel de Literatura lo obtuvo en 2000 el escritor disidente Gao Xingjian, de origen chino pero naturalizado francés. Analistas políticos y críticos literarios consideraron que este reconocimiento premia no sólo la cultura china, sino también a la potencia económica en la que se ha convertido el país asiático en años recientes.

El fallo

El escritor japonés Kenzaburo Oe, premio Nobel de Literatura, manifestó hace tiempo que “si pudiera escoger al próximo premio Nobel sería Mo Yan”. Este año la Academia se hizo eco de la propuesta al considerar que el autor chino, de 57 años, mezcla “realismo alucinatorio, leyendas, historias y elementos contemporáneos”, y creó un universo que evoca los de William Faulkner y Gabriel García Márquez, “tomando como punto de partida la antigua literatura china y la tradición oral”.

Algunos de sus libros, como La república del vino, “fueron juzgados subversivos, debido a su crítica aguda de la sociedad china contemporánea”, destacó la institución.

Peter Englund, titular de la Academia Sueca, aseveró que Mo Yan “estaba en casa de su padre” cuando recibió la noticia. “Dijo que estaba encantado y aterrorizado”, indicó Englund a la televisión sueca, y añadió que el galardonado de este año “tiene una forma única de escribir. Si lees media página de Mo Yan, inmediatamente lo reconoces”, además, “ofrece una percepción única hacia un mundo único de una manera única”. Su estilo “es una fuente de palabras e historias, con historias dentro de historias, e historias dentro de historias dentro de historias, y así sucesivamente. Es fascinante”.

Entre sus obras traducidas al castellano se encuentran Grandes pechos amplias caderas, Las baladas del ajo, La vida y la muerte me están desgastando, La república del vino, Shifu: harías cualquier cosa por divertirte y Sorgo rojo, quizá la más conocida en Occidente por la película del mismo nombre, dirigida por Zhang Yimou, que en 1988 obtuvo el Oso de Oro de la Berlinale. Su novela más reciente es Rana.

Mo Yan nació en 1955, creció junto a sus padres agricultores en Gaomi, y ambienta la mayoría de sus relatos en su tierra natal. Siendo niño fue obligado a salir de la escuela primaria para arriar ganado. De acuerdo con su biografía, algunas veces sufrió tantas carencias que comió corteza de árboles y maleza para sobrevivir. Mo atribuye a ese temprano sufrimiento la inspiración de su obra, en la que aborda la corrupción, la decadencia en la sociedad china, la política de planificación familiar y la vida rural del país.

“La soledad y el hambre fueron mis fortunas de creación”, declaró hace tiempo el escritor, quien es considerado por algunos críticos como demasiado cercano al Partido Comunista, aunque algunos de sus libros fueron prohibidos.

Pasó su juventud como granjero y obrero antes de ser aceptado en el Ejército Popular de Liberación, en 1976. Ahí trabajó como librero y se graduó en literatura en un colegio militar en 1986, antes de dejar el ejército, después de 22 años de servicio.

Cuenta Mo Yan, quien utiliza la fantasía y la sátira en muchos de sus libros que han sido calificados por medios estatales como “provocadores y vulgares”, que cuando leyó por primera vez las traducciones al chino de Gabriel García Márquez y otros escritores del realismo mágico le mostraron el camino para “escribir con libertad”, y reconoce como otras influencias literarias a D.H. Lawrence, Ernest Hemingway, Günter Grass y León Tolstoi.

La amenaza de que un libro sea prohibido en el mercado interno chino ha implicado que los autores sean especialmente cuidadosos si quieren ganarse la vida, pese a que el sistema censor de hoy no es tan terrible como durante la era maoísta de línea dura, refirió Reuters.

“Un escritor debería expresar críticas e indignación hacia el lado oscuro de la sociedad y la fealdad de la naturaleza humana, pero no deberíamos usar una expresión uniforme”, manifestó Mo Yan en un discurso que ofreció en la Feria del Libro de Frankfurt en 2009, de acuerdo con el periódico China Daily. “Algunos podrán querer gritar en la calle, pero debemos tolerar a aquellos que se esconden en sus cuartos y usan la literatura para expresar sus opiniones”, agregó.

Acerca de su novela Grandes pechos amplias caderas, Mo aseveró: “He dicho y escrito todo lo que he querido decir y escribir”, y sostiene que su pasión por la ambigüedad, con una deliberada fusión entre ficción y hechos, no es sólo una herramienta literaria, sino que además supone un reflejo de las incertidumbres que él ve en la vida moderna.

La Jornada

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