Estadísticas sociales… nuestra verdadera historia

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En días pasados, dentro de la conmemoración del Día Mundial de la Estadística, fijado por la ONU, el Consejo Estatal de Población, que acertadamente  dirige el Lic. Francisco Rodríguez Pérez, impartió la conferencia “Estadísticas Sociales del Porfiriato (1877-1910). Una mirada a la estadística sociodemográfica histórica en México y Chihuahua”, con las interesantes disertaciones de la ingeniera Tomasa Badillo Almaraz y el licenciado César García González.

Dicho evento permitió analizar la información estadística correspondiente a la trascendental etapa de la vida de México constituida por el período de sucesivos gobiernos de Porfirio Díaz, comprendido entre 1877 y 1910.

Igualmente se pudo ponderar la importancia de la estadística histórica, y conocer las cuatro etapas de la evolución de las mediciones estadísticas en nuestro país. La primera fue la Etapa Prehispánica, en el año 1116, cuando los códices aztecas consignaban los índices demográficos de aquélla época, en la que sucedió la Segunda Gran Migración Chichimeca; luego vino la Época Colonial, que registró los cuatro conteos estadísticos del siglo diecisiete, además del Censo de Revillagigedo, el Padrón de Templos y Hospitales, y la Medición Censal sobre Consumo de Granos en la Ciudad de México, realizados entre 1751 y 1793; la Tercera Etapa surgió cuando la naciente República contaba con poco más de seis millones de habitantes, e incluyó el Censo que en 1821 se pidió a los ayuntamientos, así como la Estadística General del Imperio, decretada por Iturbide en 1823, y la fundación del Instituto Nacional de Geografía, en 1883; y finalmente la actual Etapa: Siglos XX y XXI, caracterizada por el nuevo orden internacional sustentado en los avances tecnológicos y la sistematización de los procesos de generación de estadísticas sociodemográficas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

La información estadística es una útil herramienta para la implementación de políticas públicas y la evaluación del desempeño gubernamental, y asimismo contribuye a apoyar las actividades de los ámbitos académico, laboral y empresarial. Ello explica la trascendencia de las “Estadísticas Sociales del Porfiriato”, compilación realizada en 1956 por la Secretaría de Economía.

En las primeras décadas del México independiente imperó la hegemonía política del régimen militar, pero en 1884, a partir del segundo período de gobierno porfirista, comenzó a tomar carácter civil la función gubernamental.

El poder del porfiriato se cimentó en el ejército, los empresarios, los cacicazgos regionales y los capitalistas extranjeros. Esa época privilegió al capitalismo a pesar de la inequitativa distribución de la riqueza; la política educativa era restrictiva, pues 80 por ciento de los habitantes eran analfabetas pocos accedían a la educación; la política económica preservaba los privilegios de las clases altas; la burguesía nacional se componía de banqueros, empresarios y comerciantes; mientras que la burguesía integrada por capitalistas extranjeros controlaba los ferrocarriles, las minas y el petróleo.  

El primer censo de la era moderna de México se efectuó en Octubre de 1895, cuando la nación tenía 12 millones 631 mil habitantes. En 1900 el segundo conteo arrojó 13 millones de pobladores. Hoy somos 112 millones de habitantes, casi 100 millones más que hace cien años.

El censo levantado en 1910, cuando la población era de 15 millones 160 mil 367 habitantes, mostró las condiciones sociales previas a la revolución de ese año, que por sí mismas explicaban las causas del movimiento armado que liquidó al porfiriato.

Hasta 1910 la formación de profesionistas clave para el desarrollo nacional fue muy baja, y entre 1879 y el año de inicio de la Revolución hubo siempre más sacerdotes católicos que médicos; y aunque el número de profesores creció a mayor ritmo su presencia siempre fue insuficiente para las necesidades del país.

En 1910 había 21,017 profesores, es decir, 1 por cada 1,721 habitantes; 3,021 médicos, lo que significaba 1 por cada 5,018 habitantes; y 4,461 sacerdotes católicos, cantidad equivalente a 1 por cada 3,398 habitantes.

Las estadísticas evidencian los grandes rezagos que detonaron el movimiento social revolucionario, y nos motivan a reflexionar sobre qué país hemos construido en el último siglo, y a qué tipo de país podemos aspirar. Las estadísticas son, en síntesis, la manera más fidedigna de conocer nuestra verdadera historia, para abrevar en las experiencias del pasado y mirar con claridad hacia el futuro.

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