Encienden beliebers el Zócalo para una sinfonía orgánica

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Así es la fuerza de una estrella juvenil pre y posproducida, es decir, a la que se le cuelgan ajuares para que en lo mediático luzca mejor. Su buena voz y su magnética presencia son punto y aparte.

 

Las llamadas beliebers (seguidoras radicales de Bieber) asistieron acompañadas de sus papás, de sus tutores o solas, con la venia de su energía, de sus ganas de ver a su ídolo aunque fuera en alguna de las siete pantallas que se colocaron para el concierto.

 

Bieber aprovechó la reunión con la prensa para presumir que en nuestro país la rola As long as you love me, se convirtió en número uno entre sus fans.

 

No salió a la hora pactada, pero no importó. Todo fue Justin Bieber. Incluso la convocatoria se extendió hasta los edificios que rodean el Zócalo. Casi todas las ventanas y balcones estaban ocupados por escuchas que también bailaron, según se apreció desde la plancha central.

 

Al grito de Justin Justin, las beliebers hicieron el contexto de alegría. Por su fuerza, cada canción parecía se escucharía hasta el paseo de la Reforma, en una sinfonía orgánica.

 

La de Justin Bieber es la historia de la nueva estrella mediática cazada por la alicaída industria del disco, que busca ahora talentos impulsados por ese foro global llamado telaraña telemática. A ella se debe este joven, que a los 12 años participó en un concurso local de canto en Stratford. Su madre subió un video del concurso en Youtube para sus amigos. Luego publicó otros videos de su hijo en los que aparecía interpretando canciones de Usher, Chris Brown, Stevie Wonder, Justin Timberlake y Ne-Yo. Hasta que el vivo de Scooter Braun, cazatalentos de una disquera, decidió impulsarlo. Ahora es su manejador.

 

Se escucharon rolas como Baby, Boyfriend, As long as you love me, U smile, Somebody to love, éxitos cantados sin error por las jovencitas.

“Es importante mi relación con los medios porque son los que dan mis mensajes a mis fans. Pero más que nada me debo a los medios electrónicos como Internet, o las redes sociales que me han permito relacionarme con mis seguidores”, dijo el nominado como artista revelación en la edición 53 de la entrega de los premios Grammy.

 

¿Qué se siente ser un rockstar tan joven?, fue la pregunta para el cantante, que sin tanta parafernalia, sólo con su atuendo blanco espacial y sus bailarines y excelentes músicos, hizo las delicias del público.

 

“Al tener 18 años siento una responsabilidad, trato de ser un modelo a seguir. Sé que no soy perfecto, pero trato de hacer las cosas bien. Sin importar tu edad tienes que ser un modelo de persona, por eso hice (el disco) Believe, trabajé para obtener nuevos sonidos, cosas que ofrecerle a la gente”. Y fue lo que hizo: dar un espectáculo pop para las masas de chicas que se destrozaron la garganta de tanto gritar y corear todas sus piezas.

 

Pero Justin no tiene la culpa. El sólo canta, baila, se mueve. Es el pretexto para la conexión de masa e industria cultural y quedó demostrado anoche en el Zócalo.

 

Es autodidacta en el piano, la batería, la guitarra y la trompeta. Pero ahora sólo cantó y se movió grácilmente en el proscenio.

 

El ídolo dijo estar “bendecido, porque a mi edad, a los 18 años, he podido viajar por el mundo. Siempre trato de darme tiempo para reflexionar todo lo que hago porque estoy en el ojo público. Por eso no sé si cambiaría mi lugar por alguien. Lo que me gustaría ahora es regresar a la escuela”.

 

“Me gusta los tacos y las quesadillas”. “Son mis mejores amigos” y “Te quiero y te amo” fueron algunas de las frases que el canadiense dijo en español, en la conferencia y en la presentación, para beneplácito de la muchedumbre que nunca dejó de gritarle “te amo”.

La Jornada

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