En medio de mensajes de amor, Café Tacuba insta a los políticos a escuchar al pueblo

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A lo largo del toquín, de casi tres horas de duración y que finalizó rayando el domingo, Albarrán, el cantante de los mil sobrenombres, hizo declaraciones instando a los políticos mexicanos a oír al pueblo y dejar atrás sus ambiciones de dinero y poder. Esto, en medio de mensajes de amor, respeto a la naturaleza y la necesidad de ser más espirituales.

 

El apoyo a causas sociales y contra el abuso de los poderosos ha sido clara desde la fundación del grupo de Ciudad Satélite, en 1989, por medio del apoyo al movimiento #YoSoy132 y en defensa del santuario de Wirikuta.

 

A las nueve de la noche, cientos de haces cruzaron el espacio del domo de cobre. Como pocos, los tacvbos llenaron ese interior. El espectáculo incluyó una figura inflable, que era una alegoría del tradicional árbol de la vida, base conceptual de su nuevo álbum El objeto antes llamado disco. En una larga pasarela, Albarrán se acercó al público, brincando, corriendo e instando a cantar, a hacer un coro emotivo, para aprovechar la noche, la vida, la juventud.

 

A ese público lo llamó de “muchachos”, denominación de confianza propia entre cuates, de amigos de barrio, de iguales.

 

Café para café. “¡Móchense!”, pidió, cuando le llegó el hornazo de mota. El poder tacvbo comenzó a escucharse con imágenes del documental que sobre los integrantes del grupo se estrenará en breve a escala nacional. Pájaros fue la primera de más de 20 canciones que integraron el set list, donde la voz se escucha hipostasiada, con agudos, en medio de un ritmo frenético.

 

Encuentro con varias generaciones de seguidores

 

Así se ponía en marcha un encuentro del grupo con seguidores de varias generaciones. El final del siglo pasado y la primera década del presente están marcados por Café Tacvba, el mejor grupo de rock mexicano de la actualidad, integrado por Rubén Albarrán, Meme del Real, Joselo y Quique Rangel.

 

Complacieron con El aparato, Pa para pa pa eu eu, El baile y el salón… Cómo te extraño, balada del León de las Pampas, Leo Dan, con un toque norteñón tacvboso. “¡Muchachos, muchachos! Buenas noches, ¿como están? Estamos aquí, chingón. Estamos agradecidos con nuestra vida, que es muy hermosa, llena de bendiciones, la más hermosa de ellas es la de poder compartir la música aquí, con ustedes”.

 

Con Las flores fue la prendidez. ¡Oé, oé, oé, oé, oé, Café, Café! Se escuchó la ontológica Seguir siendo, reivindicación ecológica, melodía-llamado a respetar la casa de todos: la Tierra. “Enviamos las ganas y la energía para apoyar a nuestros hermanos de diferentes pueblos que tienen su agua contaminada”.

 

Sonó Trópico de Cáncer y De este lado del camino. Flotó un globote en forma de corazón, para el momento híper fresota, cursi, como de estereotipo de 14 de febrero. Al final, el objeto rojo fue regalado a una dama de la primera fila, que sabrá Dios qué hizo con él.

 

Todos los elementos juegan en un concierto, con muchas actitudes y respuestas automáticas. Es el homo conciertus, el homo recitalis, el homo ocesus. Masa y poder, diría Canetti.

 

Aviéntame, con Meme subido en un andamio. Quique cantó Esperando; Joselo, Lento. En El zopilote, alter ego de Albarrán (ha dicho), éste apareció disfrazado del carroñero animalejo, caminando a su modo, ladeando el body, la humanidad. ¡Atila, Atila! Es un juego y Albarrán en un momento ironizó con eso de ya dejar de ser niños y mejor comportarse como lo adultos que “somos”. Si Alejandro Lora apela al espíritu desmadroso secundariano, los tacvbos instan a ser siempre chavos, niños, muchachos.

 

Éxito tras trancazo para saludar a los que yacen en las estrellas, que están ya descasando de las penas de este mundo “y que algún día alcanzaremos”. (¡Toco madera!) Se oyó Déjate caer.

 

“¿Cómo les va, muchachos? Me refiero a cómo les va con los políticos”. La respuesta multitudinaria fue un “¡culeros, culeros!”, largamente repetido. Son las pequeñas venganzas en sitios específicos. Albarrán: “Tienen que darse cuenta –los políticos– de todo el daño que hacen por un poco de dinero, por un poco de poder. ¡Esos políticos, esos mafiosos!”

 

Anunció el final, pero de las canciones del nuevo disco. En lo sucesivo: Yo busco, Tan mal, Eres, Aprovéchate… Vino una alocución sobre la importancia de respetar a la mujer, de darle su lugar, de velar por sus derechos. Pero se arrancaron con la posesiva Ingrata. Para recompensar: Chica banda, en la que Rubén hizo subir a cinco damas que se echaron un dance denso y cachondón.

 

Se reventaron El puñal y Las persianas.

 

Nadie se quería ir, pero la tocada debía cerrar. Presa de emoción, Rubén procedió a quitarse los tenis amarillos; los ató de las agujetas y los aventó a los muchachos. La Jornada

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