El regreso del PRI…

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Se vislumbra magro el panorama electoral del año 2012 tanto para el PAN como para el PRD. El primero de estos partidos no solo ha desencantado a la población después de dos sexenios de gobierno con más mercadotecnia que resultados, mientras que el segundo se deshace cada día más en las reyertas internas que luchan por definir, a un alto costo político, la candidatura de Marcelo Ebrard o la de Andrés Manuel López Obrador como la esperanza salvadora que lo ayude a sobrevivir dentro de la trilogía contemporánea de partidos mexicanos con peso significativo. Además el panismo ha vivido en los recientes meses una vorágine de pasiones por la anhelada nominación de candidato presidencial, que le trajo más perjuicios que beneficios, ya que la enconada lucha entre el exsecretario de Hacienda Ernesto Cordero y la exsecretaria de Educación Pública y excoordinadora de los diputados federales albiazules, Josefina Vázquez Mota, permitió entrever el cisma suscitado en el grupo más allegado al Presidente Felipe Calderón. Tal desencuentro panista revela la falta de control político de un mandatario que pretendió ejercer el poder en forma casi omnímoda y que tarde, quizá muy tarde –recuérdense las imposiciones de Germán Martínez y César Nava en la dirigencia nacional del PAN-, comprendió la necesidad de aplicar principios democráticos en la vida institucional de un partido que, al menos en teoría, se dice impulsor de la democracia.

 

Por el lado del perredismo al parecer es cada vez más clara la enemistad que los otrora amigos y colaboradores AMLO y Ebrard libran en la víspera del reparto de las atractivas posiciones electorales que se ofertan cada fin de sexenio. Cualquiera de los dos que llegara a conquistar la anhelada investidura de candidato presidencial fracasaría sin duda, en su intento por llegar en la recta final hacia los codiciados Pinos, pues es tal el desgaste que ambos personajes han sufrido en su trayectoria pública, y tan poca la confianza que los regímenes de izquierda despiertan entre el electorado mexicano, que difícilmente se volvería a repetir el inaudito resultado que el PRD obtuvo en verano del 2006, cuando López Obrador estuvo a punto de convertirse en Presidente de México.

 

A Andrés Manuel le pesa mucho la serie de desatinos políticos e irreverencias públicas en las que incurrió desde que en Febrero de 2006 insultó al entonces Presidente Vicente Fox, mediante la famosa injuria verbal con la que le dijo “Ya cállese Chachalaca”. Eso solo fue el preámbulo de los demás dislates que posteriormente le caracterizarían, tales como la “integración” de un “Gobierno Legítimo” al saberse perdedor de la elección; la perniciosa toma de la Avenida Paseo de la Reforma, en la capital del país, la constitución de un Consejo Ciudadano de Resistencia Civil, la convocatoria a una “Convención Nacional Democrática”, y oros desplantes similares, propios de su conflictiva y polémica personalidad. Qué diferente le habría pintado el porvenir al AMLO si la humildad y la prudencia le hubieran aconsejado reconocer su derrota en el controvertido proceso electoral de aquél 2006.

 

En cuanto a los aspirantes panistas, se ve poco posible que alguno de ellos pueda representar una continuidad del PAN en el poder nacional de México. A Santiago Creel le persigue, como sombra de su paso por la Secretaría de Gobernación durante el anterior sexenio, el haber sido uno de los apadrinadores de los consorcios de casinos, de tan triste memoria como el Royale de Monterrey y muchos más, que hoy existen en varias entidades del país y constituyen centros de movimiento de dinero y de operaciones de dudosa licitud. Por lo que respecta a Josefina Vázquez y a Ernesto Cordero, su pertenencia a una administración gubernamental federal como la actual, que se retira con más pena que gloria, aunados a su poca penetración en el ánimo de los electores, hacen igualmente remota la posibilidad de la permanencia del PAN en el Palacio Nacional.

 

Caso contrario el del PRI, que en base a un mesurado y exitoso desempeño durante ya casi 11 años de ser oposición ha logrado reposicionarse como la principal fuerza política en las entidades y municipios del país, llegando a la presente etapa de las definiciones con una muy sólida imagen, y un firme e igualmente consolidado precandidato en la persona del exgobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. No se necesitan dotes especiales para anticipar el desenlace del 2012: el PRI retornará a la Presidencia, y muy probablemente, representado por el exmandatario mexiquense.

 

Comentarios o sugerencias: carlosjaramillovela@yahoo.com.mx

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