El ocaso de Andrés Manuel

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Por: Carlos Jaramillo Vela

 

La salida de Andrés Manuel López Obrador del PRD es un hecho que modificará sustancialmente la vida de ese partido político, y por ende el panorama para el año 2018. Aunque para unos era previsible el desenlace anunciado por el dos veces candidato presidencial de las izquierdas durante el evento público que protagonizó en el Zócalo de la Ciudad de México, el 9 de Septiembre, para muchos fue una inesperada sorpresa. El pertinaz e intransigente carácter de AMLO mantuvo prácticamente secuestrado al partido del sol azteca los últimos 12 años, ejerciendo una influencia y liderazgo dictatoriales, primero desde su posición como jefe de Gobierno del Distrito Federal, en el período 2000-2005, y luego, al obtener una histórica votación que casi lo llevó a la presidencia de la república en 2006, cuando perdió la elección ante el panista Felipe Calderón, actual mandatario nacional, quien llegó a Los Pinos de manera casi milagrosa, con una votación apenas 0.56% mayor a la obtenida por el tabasqueño.

 

La fulgurante trayectoria de Andrés Manuel se perdió en el camino, y su extravío llevó a su partido hacia un costoso desgaste que significó la disminución de su capital político, y de las posiciones que años atrás había ganado. López Obrador pagó cara su soberbia, pues la sociedad no le perdonó su megalomanía e insubordinación frente a las instituciones, que fueron la nota distintiva de este controversial político. El insulto verbal proferido en 2006 por AMLO al entonces Presidente Vicente Fox, cuando el perredista buscó por primera ocasión la jefatura del estado mexicano, marcó el inicio de su distanciamiento del electorado, y junto con su despótico desaire al debate sostenido por los otros candidatos, fue el factor determinante para que en ese tiempo su aspiración a la silla presidencial recibiera el primer revés, mediante un insólito y doloroso resultado.

 

Después de ese descalabro inicial vendrían en la lista de acciones de López Obrador la instauración de su gobierno legítimo, con la reiterada falta de respeto a la investidura presidencial, a la que, ya siendo gobernante Calderón, calificó de espuria, así como la toma de la Avenida Reforma, en la Ciudad de México, que durante meses obstruyó con un campamento integrado por decenas de manifestantes bajo sueldo, y que causó el cierre de varios negocios, así como cuantiosas pérdidas económicas para otros establecimientos comerciales de la zona. Ahora, en 2012, volvió a involucrar a su equipo de campaña, y a su hasta hace unos días incondicional partido, en una radical impugnación del triunfo electoral –obtenido por el candidato priísta Enrique Peña Nieto- al que AMLO se obstina en desconocer pese al fallo del Tribunal Federal Electoral, que al encontrar infundado el reclamo lopezobradorista, reconoció la validez de la elección, declarando presidente electo a Peña Nieto.

 

Varias y relevantes opiniones coinciden en el beneficio que traerá para el perredismo el retiro voluntario de Andrés Manuel López Obrador. Una de esas voces es la de Rosario Robles, expresidenta nacional del PRD y exjefa del gobierno del Distrito Federal, ahora incorporada al equipo de transición de Enrique Peña Nieto, quien afirma que dicho partido tendrá un mejor desempeño en el porvenir. La misma dirigencia perredista, encabezada por Jesús Zambrano, ha negado que la ausencia del polémico AMLO vaya a restarle votos y militantes al principal partido de izquierda en México. Incluso muchos ven en el derrumbe del lopezobradorismo la gestación de una nueva etapa de posibilidades para el lanzamiento de figuras con un perfil más flexible y atractivo en las futuras candidaturas presidenciales.

 

Así, derrotado, sin partido y sin partidarios, o con muy pocos de ellos, López Obrador llega a lo que parece ser la recta final de su carrera. Sin embargo el excandidato aún deja entrever la intención de seguir luchando, afirma que lo hará bajo las siglas del Movimiento Regeneración Nacional (morena), al que pretende constituir como partido político, lo cual no es tarea sencilla. Lo cierto es que la egolatría y los delirios de grandeza arrebataron a AMLO en 2006 lo que se veía como triunfo tácito, y terminaron por desdibujar su imagen, sepultando su carrera. Los días de Andrés Manuel parecen estar contados, cuando en el horizonte político se comienza a vislumbrar lo que quizá sea el inicio de su ocaso.

Comentarios o sugerencias: carlosjaramillovela@yahoo.com.mx

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