El Festival Internacional Chihuahua… y la seguridad pública

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El 7º Festival Internacional Chihuahua, edición 2011, está por iniciar el próximo 17 de Septiembre, para concluir el 12 de Octubre. Si bien es cierto que dicho evento es un magnífico escaparate para difundir la cultura y acercar las expresiones de esta a todos los estratos del conglomerado social, no debe desaprovecharse la posibilidad de que este importante acontecimiento ayude a construir comunidad y a combatir la descomposición social, la violencia y la criminalidad que hoy agravian a nuestra entidad y al país entero.

 

Sabemos que en esta ocasión es Argentina el país invitado al Festival, el estado de la República distinguido con la misma deferencia es el Estado de México, y el municipio convidado es Hidalgo del Parral. Asimismo es de todos sabido que habrá numerosas representaciones culturales, musicales y artísticas. Entre ellas una que puede llamar la atención es el encuentro de escritores denominado Literatura en el Bravo, pues independientemente de que en otras actividades del programa general del festival pueda suceder algo similar, las mujeres y los hombres dedicados a la creación literaria, sin demérito de su agenda preestablecida, podrían -y quizá deberían- aprovechar su participación haciendo de esta un nicho desde el cual lancen al estado y al país una sólida proclama de cohesión social, de acatamiento a la ley, de respeto al prójimo, y de rechazo a las manifestaciones delictivas y violentas que hoy vulneran nuestra convivencia y armonía individual, familiar y colectiva. Bien le vendría al Festival la presencia de Javier Sicilia, en la reunión de literatos y poetas, a fin de que sus colegas emitieran con él un manifiesto conjunto, acorde a la filosofía del movimiento por la paz, la justicia y la dignidad, que el primero ha enarbolado en protesta por el reciente asesinato de su hijo.

 

El atroz multihomicidio de 53 personas, ocurrido la tarde del pasado jueves en el Casino Royale, de la Ciudad de Monterrey, es una herida muy fresca y otra muestra de lo apremiante que resulta la renovación moral, educativa y cultural de esta sociedad chihuahuense y este país, que ahora más que nunca requieren de un profundo sentimiento de auténtica identidad nacional, de respeto a la dignidad humana, así como de verdadera unidad y solidaridad por amor al prójimo, para enmendar muchos de sus yerros y solucionar no pocos de sus problemas de orden y convivencia.

 

En todos los foros donde aparece el gobernador César Duarte maneja un discurso que manifiesta expresamente la clara intención social, el compromiso comunitario y la voluntad política que lo animan a coadyuvar, mediante las acciones de su gobierno, para lograr un cambio respecto a la actual circunstancia de inseguridad que azota a los chihuahuenses. Incluso el párrafo final del prólogo con el que el mandatario presenta el catálogo de artistas del FICh 2011, hace una referencia explícita a la evidente intencionalidad de su política cultural, al afirmar textualmente que “En tiempos como los que actualmente tenemos que enfrentar, los chihuahuenses refrendamos así nuestro compromiso para con las futuras generaciones en el sentido de solucionar valerosamente nuestros problemas y contribuir a la creación de una sociedad más sana y más justa, basada en los mejores principios del humanismo.”

 

Los objetivos del Festival Internacional Chihuahua constituyen otro claro ejemplo de que el gobernador Duarte ha hecho permear, a través de los instrumentos y programas gubernamentales a su alcance, la indeclinable postura que desde el inicio de su mandato asumió para enfrentar a la inseguridad y el delito. Entre los objetivos del FICh, públicamente divulgados, se expresa la pretensión de “Contribuir al fortalecimiento del tejido social…” y “Detonar, mediante la creación y consolidación de un importante festival cultural, la consolidación de la seguridad pública y la educación continua.”

 

El Gobierno del Estado toca, pues, en la declaración de objetivos o fines del FICh, dos temas que hoy y siempre serán trascendentales para el desarrollo de los pueblos: seguridad pública y educación. En esas asignaturas radica una buena parte de la solución al resquebrajamiento social que nos aflige; la educación, contemplada tanto en su aspecto de instrucción técnica y científica, como desde el punto de vista de la formación ética, filosófica y moral, será la llave que nos permita a los mexicanos convertirnos en un pueblo de mayor calidad espiritual, así como construir un porvenir digno, próspero y seguro.

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