Buscan favorecer la regeneración del hígado mediante biomateriales

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Un grupo de científicos, encabezado por Gabriela Gutiérrez Reyes, responsable del Laboratorio de Hígado, Páncreas y Motilidad de la Unidad de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), localizada en el Hospital General de México, estudia el uso de biomateriales para favorecer la recuperación funcional y estructural de un tejido dañado, como un hígado enfermo.

Los biomateriales empleados son los andamios celulares de cóndilo (el extremo de una articulación) de bovino, producidos y diseñados por el equipo de María Cristina Piña, del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM) de la UNAM.

“Hemos encontrado la funcionalidad de esos materiales en uretras (conducto por el que pasa la orina) de perros y, en el caso del hígado, en ratas. En ambos se colocaron fragmentos del andamio y se observó que sí había invasión de las células hepáticas al tejido. Es decir, este último creció sobre el andamio, por lo que consideramos que podría ser un buen modelo para utilizarse como implante en medicina regenerativa”, indicó Gabriela Gutiérrez.

En cuanto a la uretra, en un estudio que realiza Christian Acevedo García, urólogo bajo la dirección de Gutiérrez, se retiró un fragmento de ese conducto en perros sanos y en otros a los que se les indujo estenosis (estrechamiento del conducto), se colocó el andamio celular en forma de tubo y se observó que conforme avanzaba el tiempo la cantidad de material colocado fue remplazado por tejido sano, es decir, la uretra se regeneró.

Esta línea de investigación surgió del contacto de Acevedo García con integrantes del IIM, que desarrollaron una matriz de colágena con cualidades mecánicas y de una composición que le permite funcionar como andamio en diferentes tejidos. El material ha sido probado con éxito en áreas como ortopedia, cirugía maxilofacial y odontología, no así en tejidos blandos.

Gabriela Gutiérrez recordó que a Christian Acevedo “le interesaba ver si este andamio podría sustituir el tejido dañado y remplazar la uretra. En tanto, nosotros queremos determinar si esto también puede favorecer la regeneración hepática”.

En el primer caso, al hacer los cortes histopatológicos se observó crecimiento celular y el biomaterial se reabsorbió, “entonces, consideramos que estos resultados permiten generar una nueva línea de investigación en regeneración tisular en nuestro laboratorio, aunque nos dedicamos al hígado; en la parte básica hacemos una conexión entre investigadores clínicos y básicos con la intención de encontrar nuevas herramientas que funcionen en la sustitución de órganos o de fragmentos dañados, para el tratamiento de enfermedades crónico degenerativas”.

La colágena tipo I del andamio celular tiene un tamaño de poro de alrededor de hasta 200 micras, característica que le permite la migración celular y formar el nuevo tejido, explicó.

“En ratas hemos observado resultados positivos; se les colocó un fragmento del material del andamio y se observó la migración e implantación de células en el biomaterial. Esto lo vimos mediante cortes histopatológicos y ahí hemos medido proteínas que informan sobre los tipos de células que se implantaron”, explicó.

Podría ser una esperanza de vida para pacientes con enfermedades hepáticas crónicas, de ahí la importancia del vínculo que hay en la medicina traslacional (el de la ciencia básica y el de las aplicaciones clínicas). “Toda la información clínica que manejan los médicos es útil para los que hacemos ciencia básica y viceversa; la unión que hemos desarrollado permitiría avanzar más rápido en el hallazgo de una nueva opción terapéutica que haga posible a los pacientes contar con una mejor calidad de vida”, dijo.

Son pocos los donadores

Gabriela Gutiérrez recordó que el hígado es considerado la fábrica química del organismo, pues realiza funciones que proporcionan al cuerpo las condiciones indispensables para vivir, estar alertas y saludables.

Destacó que las enfermedades hepáticas figuran entre las principales causas de mortalidad en México (tercera en hombres y séptima en mujeres).

La hepatitis C, en conjunto con el consumo excesivo de alcohol, deriva en una de las etapas terminales de esas afecciones: la cirrosis hepática, para la que no hay tratamiento farmacéutico eficaz, sólo trasplantes, y “la desventaja es que son pocos los donadores de órganos”.

En cuanto a las afecciones de tipo viral, como la hepatitis C, muchos enfermos son diagnosticados en fases avanzadas y sólo 50 por ciento responde al tratamiento, concluyó la especialista. La Jornada

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