Bitácora de vuelo en Aeroshow: la ilusión hecha realidad de niños Chihuahuenses

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 De principio se mostraban nerviosos, llegaron al hangar dispuestos para el equipo de FlyersTeam en punto de las 10 de la mañana, tal y como les informaron de la Presidencia, el Capi Roger sería el encargado de la aventura: Llevarlos a conocer el cielo de Chihuahua… pero de una manera más Extrema.

 Acompañados por sus padres, uno a uno los niños conocieron al personal y los aviones que integran el equipo de voladores; recibieron las indicaciones: No caminar en zigzag y permanecer en el hangar, al cruzar la pista hacerlo en línea recta a unos 90° y estar siempre alertas al ruido de otros aviones como “cuando atraviesas la calle”.

 Minutos después, entre risas aparece Marco Quezada, quien de inmediato identificó a Sebastián el “niño presidente” a Ana, Horacio y Gisel, entre la multitud que se encontraba con chalecos fluorescentes, a un costado de una avioneta.

-¿Ya están listos?- preguntó el alcalde.

-Sí, ya queremos subirnos- respondieron.

 De inmediato, padres de familia se acercaron y con señales de cuidado, despidieron uno a uno a los estudiantes, “esto se lo merecen, trabajan bien duro para tener buenas calificaciones y ser los mejores, que se diviertan un rato”, se escuchó entre los presentes.

 En camino recto, como soldaditos se enfilaron los valientes tripulantes. Caminaron sin temor, al llegar al avión se tomaron la foto del recuerdo y sin dudar se colocaron en sus asientos; Sebastián y Horacio al frente, Ana y Gisel atrás.

-¿Ya se habían subido a algún avión?- preguntó Quezada.

 -Yo sí, mi papá vive en China- respondió Horacio mientras veía por la ventana, cómo el avión tomaba fuerza y se despegaba de la pista.

 -En aviones normales, yo creí que íbamos a viajar en helicóptero- dijo Sebastián, a quien de inmediato, le respondió Quezada:

-Esto es mejor-

 -Yo no he volado, a mí me dijeron en la escuela que era un viaje en globo. Y cuando llegué aquí me emocioné -se escuchó al fondo dijo Gisel.

 -Mi mamá estaba nerviosa me dijo que me cuidara, yo nunca he volado y a ella le da mucho miedo que algo me pase- murmuró Ana sonrojada.

 Segundos después, el silencio invadió a los niños quienes sin pensar, se encontraban de cabeza en una pirueta de 180 grados sobre el lado sur de la ciudad.

 El primer gritó fue de emoción, el Capi Roger sabía que debía motivarlos y sin aviso, a toda velocidad comenzó a hacer acrobacias, Horacio grababa con su celular, Ana permanecía viendo por la ventana, Sebastián platicaba con el Alcalde y Gisel estaba seria, contemplando desde su lugar cómo las personas parecían “hormiguitas, y las calles rombos dibujados”.

 -A mí me gustan mucho los aviones, yo me subí el año pasado y se siente increíble. Sabía que les iba a gustar, por eso quería que vinieran a conocer esta experiencia. Ustedes son muy inteligentes, los mejores de promedio en la ciudad, teníamos que darles un reconocimiento, sé que serán buenos y grandes ciudadanos-, expresó el Presidente.

 A la par, dos piruetas de 360 grados. Horacio gritó y levantó las manos, Sebastián permanecía quieto, Ana y Gisel decían que los brazos pesaban, junto con la cabeza y las piernas. La razón:

 – A esta altura el cuerpo pesa dos veces más que lo normal-  explicó Quezada.

 Habían transcurrido 8 minutos desde el despegue, el fin comenzaba a acercarse poco a poco se quedaban atrás el centro, los edificios y se regresaba al aeropuerto, pero justo al creer que el avión iba a aterrizar, de nuevo el Capi Roger sorprendió a los paseantes:

 A kilómetros de distancia y sin dar tiempo a respirar, 20 segundos que parecieron eternos hicieron volar de sus asientos “en gravedad cero” a los estudiantes:

 -Me levanté ¿vieron?, se siente como la montaña rusa- preguntó Horacio.

 Todos hasta el Presidente se quedaron en silencio, al terminar risas y cara de incredulidad por todos lados, al fondo piloto y copiloto con una sonrisa de haber concluido su misión.

 -Esto es Extremo, muchachos- entre risas nerviosas, dijo el Alcalde.

 Y para terminar, una última pirueta de “cabeza” para el recuerdo.

 Tras 15 minutos, el recorrido en el Lear Jet había llegado de nueva cuenta al Aeropuerto. Sanos y salvos, los valientes tripulantes descendieron uno a uno de la nave, y se tomaron la foto del recuerdo.

 Caminando en línea recta como un ángulo de 90 grados, fijándose al cruzar la pista hacia el hangar, como héroes tras lograr una hazaña. Así de grandes deben ser los sueños, le reiteró, el Capi Roger a Marco Quezada.

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