Arranca la Semana Negra de Gijón

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Así es la Semana Negra de Gijón: un encuentro de escritores, 142 este año, de libreros y libros, celebrado entre carruseles, mercadillos de ropa, chiringuitos y puestos de comida con gusto de romería. Así ha sido durante 24 años. ¿Nada nuevo? Lo nuevo es la afirmación y la reivindicación del modelo, la mezcla de fiesta literaria con fiesta popular, defiende Paco Ignacio Taibo II, director de la Semana Negra. Aquí el mundillo literario de salón, el de las modas impuestas, el del festival de frac y corbata de lazo… eso aquí se va a la mierda, sonríe quien ha estado al frente de este festival desde su nacimiento. Taibo, nacido en Gijón, habla con la contundencia que le da el éxito de convocatoria de ese modelo: un millón de visitantes en diez días, en una ciudad de 270 mil habitantes.

 

Pero es que además la Semana Negra es un ámbito de discusión muy rico, asegura el escritor mexicano. Aquí hay un ambiente propicio a la discusión abierta, de democracia real, y eso hace que muchos autores estén esperando la Semana Negra y cargar gasolina para el resto del año: es literal, yo mismo salgo del festival con los dedos picándome para escribir. Te aseguro que hay escritores que publican novela sólo para poder ser invitados a la Semana, concluye, aunque no identifica quiénes del centenar largo de autores que se trae este año a Gijón han estado tecleando para ganarse un puesto en el Tren Negro, especial, de tres vagones, para escritores, periodistas y otros invitados que este viernes saldrá de Madrid con destino a la capital veraniega de Asturias. Hacemos caso a nuestras manías, y en mi caso a las novelas de aventuras, que son mi obsesión particular, resume el autor de El retorno de los tigres de Malasia.

 

Hay un sentido aventurero de la vida en un festival que este año quiere discutir el terreno que gana la fantasía a la ciencia-ficción con el mexicano José Luis Zárate, adalid precisamente de la combinación de géneros que tanto interesa en Gijón. Zárate también ha sido invitado para que cuente historias de miedo cuando caiga la noche. Serán historias de terror, el género en versión sobrenatural que practica un Ramsey Campbell, novato en la Semana Negra. Campbell fue vanguardista en su momento en rescatar los mitos de H.P. Lovecraft y ponerlos al día, del mismo modo que Andreu Martín o Juan Madrid, ambos este año en Gijón, utilizaron los cánones de la novela negra clásica para desentrañar los bajos fondos de la España posfranquista y así castellanizaron un género que no puede vivir sin realidad.

 

Por eso el premio Rodolfo Walsh, además del Hammett a la mejor novela negra, es tan viejo como el festival. El mejor libro de no ficción sobre tema criminal publicado originalmente en castellano en 2010 será uno de tres: Marca de sangre, genealogía de los jefes del narco escrita por el mexicano Héctor de Mauleón, compite en esta categoría con Confesiones de un gánster de Barcelona, del español Lluc Oliveras, y con Palabra de Vor, de los también españoles Cruz Morcillo y Pablo Muñoz. En los tres casos, el crimen organizado –mexicano, español, ruso– es el motor del relato.

 

El combustible para sobrellevar 10 días de festival, a un ritmo de 15 actividades al día, incluye más ingredientes que el pulpo a la gallega. También es emocional, políticamente combativo, lírico y erótico. Porque eróticas son las curvas de la Valentina de Guido Crepax, la heroína a la que se dedica una exposición con dibujos originales en el encuentro de cómic dirigido por Ángel de la Calle.

 

Además, este año se hará un homenaje a los fundadores de la Semana Negra, los que hace 24 años pusieron a rodar el invento en el puerto industrial de Gijón, ubicación original de este encuentro, ahora realizado junto al campus universitario de la ciudad, a pesar del rechazo manifiesto de la autoridad académica y de parte de la derecha gijonesa, por primera vez en el poder desde que existe Semana Negra. Que el festival está en la otra orilla lo demuestra, por si hacía falta, una asamblea entre escritores e indignados del movimiento 15-M. El acto es obligatoriamente abierto a la participación ciudadana, como lo es la velada poética del segundo y último viernes del festival. Luis García Montero, Joaquín Sabina y Benjamín Prado se dispararán poemas como balas, en la madrugada.

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